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Relato: La Abuela

Relato: La Abuela

LA ABUELA

Feliz Navidad, decía la Abuela a los que le limpiaban la habitación en la residencia.

-Parece que son unas navidades un poco tristes, aunque después del año que llevo me parece hasta normal.

La asistente de enfermería que estaba en la habitación le mira con los ojos ya húmedos y tratando de esbozar una sonrisa en su cara. Trata de calmarla diciéndole.

-Maria, no se preocupe, que seguro que al año que viene podrá estar con su familia todos juntos, ya verá entonces que bien se lo pasa con ellos.

Maria, que ya sabe que son más de 89 años los que lleva sobre sus hombros, y que cada día es un triunfo poder llegar a verlo, sonríe, la mira y le coge de la mano mientras le dice.

-No creo que llegue al año que viene, ¡además tú lo debes de saber!, tengo insuficiencia renal y respiratoria, por ello no me dejan salir ni al jardín, no quieren que pueda coger el bicho ese, que no nos deja ni vivir.

-Bueno, no se preocupe si usted esta de maravilla, seguro que usted entierra a su familia, que se le ve muy fuerte.

-Ana, ¿es así como te llamas, verdad?

-Sí claro, ¿qué no se acuerda?.

-No, sí que me acuerdo, la que no recuerdas eres tú, que estuve aquí sola durante tres meses, por no sé que del bicho. Cuando podían venir a verme tampoco han venido porque según ellos no les dejaban venir, (pero sí que venían otros familiares de mis vecinos) ahora en las navidades no me dejan salir ni ver a mi familia. Si yo lo que quiero es estar con ellos un día más, una noche más, verles las caras de felicidad, y saber que están bien, no tengo necesidad de nada más que eso, es mi sentido de la vida y me lo han arrebatado.

-Maria cálmese y no llore, que no es bueno para su corazón, seguro que al final se arregla todo y está con ellos.

-Ana, te deseo que pases una Feliz Navidad, y si puedes estés con los tuyos, por los que no podemos, y seguramente ya no podamos.

Maria que sabe que esta muy mal y que no pasara más de un día en este mundo, debido a la tristeza acumulada por esta situación, mira con alguna lágrima en los ojos, a su familia de ahora, la asistente de la residencia, y con la voz que apenas se le oía, le dice.

-Ana, mañana que es navidad tengo un regalo para ti, te lo dejo en la mesita dentro del cajón, acuérdate por si se me olvida.

-Muy amable señora Maria, no hacia falta, pero gracias de todos modos.

Se marcha la asistenta para continuar con su faena, pues le quedan unas 30 habitaciones que terminar, es noche buena y quiere terminar pronto para ir con su familia, preparar una buena cena y reunirse todos.

Al día siguiente tenía turno, a las 12 de la mañana entraba, Ana contenta y feliz de haber pasado una noche buena con la familia, se dirige a sus quehaceres de la residencia, pero recuerda que Maria le tenía preparado un regalo de Navidad. Se deja lo que estaba haciendo en ese momento, y se dirige a la habitación de Maria, quería verla y felicitarle la Navidad.

-¿Qué pasa? -Pregunta a las compañeras que estaban limpiando la habitación.

La habitación está vacía, me dijo que tenía que ir pronto a algún sitio, piensa Ana.

-¿A dónde ha ido?. -Comenta en voz alta.

Le dice su compañera que está limpiando la habitación.

-Ana, esta noche Maria nos ha dejado, un infarto fulminante. No se pudo hacer nada por ella me dijeron los médicos.

Ana termina de entrar en la habitación, compungida recuerda lo ultimo que le dijo Maria y se dirige a la mesita en busca del regalo, está llorando pues le había cogido mucho cariño. Abre el cajón y se encuentra una cajita con un sobre, juntos por una goma elástica, abrazándose ambas cosas. Abre el sobre primero, es una carta pequeña con pocas palabras, la escritura muy temblorosa casi ilegible pero logra leer:

Querida Ana, has estado siempre a mi cuidado, procurando tener la habitación limpia, te lo agradezco enormemente, sé que quizás estés triste, no llores si te entran ganas, solo decirte que tengas un Feliz día de Navidad.

Maria

Abre la cajita con los ojos arrasados de lágrimas, tenía dentro un décimo de lotería, se quedó sorprendida, ¡pero esto! pensó ella. Cogió su móvil y miro a ver qué número había salido en el sorteo, pues le sonaba el número que acaba en el mismo que ella tenía en sus manos, la sorpresa fue mayúscula. Era el gordo de Navidad el que tenía guardado en la cajita. Debajo, en el fondo de la cajita había una nota, la sacó, la desdoblo y ponía:

Ana este dinero de la lotería, guárdatelo y que nunca te lleven a una residencia, quédate con tu familia, que si tienes dinero no te abandonaran en una residencia. Guárdatelo.

Un Beso Maria

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Carlos Nieto

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