Relato corto


Mar y Playa
Amanecer en la playa. Fotografía de Luz Lobato

ESTA VEZ, ¡NO!

El portazo retumbó en toda la casa. Él, salió satisfecho, sabiendo que le había dado a ella lo que se merecía.

El retumbar de la casa paso a un silencio estremecedor. Fracturado por unos sollozos y lamentos que salían del cuarto de ella. 

Está sentada en el suelo, llorando flojito, no quiere que le oiga nadie. Tiene una vergüenza que no podría soportar si se entera alguien. 

La casa acompaña sus lamentos con unos ligeros sonidos de la propia construcción, no dejando sola a Ana. 

El estremecedor frío de la casa, es perturbado por un sonido estridente procedente del salón. 

Ana lo reconoce inmediatamente, es el teléfono de góndola, que tiene más por cariño que por utilidad, ya que nadie suele llamar por la línea fija.

Se levanta del suelo secándose las lágrimas con las mangas del pijama, se dirige al salón, con las manos temblorosas sujeta el teléfono y descuelga.

    –  ¿Quién es? Pregunta con la voz todavía temblorosa.

     -Ana, soy yo, qué alegría el oír tu voz, estoy en Valencia, me acordé de ti, me armé de valor y te llamé, quería quedar contigo para vernos.

Ana, no sabe quién es, su voz le resulta muy familiar, pero no llega a adivinar quién pude ser, además, le da un poco de reparo decírselo. Se vuelve a limpiar las lágrimas y le responde.

     – ¿Quién eres?, no logro recordar.

     – ¡Ana, soy yo Juan!, el que te tiraba de las coletas, ¿qué no te acuerdas?.

En ese momento le da un vuelco el corazón, nota un estremecimiento por el estómago, la cara se le ilumina, ella sabe ya quién es. Su antiguo amor de colegio. Las pulsaciones se le han acelerado.

Hace más de 8 años que no sabe de él, pero siempre que escuchaba el nombre de Juan, se le aceleraba el pulso.

Ana le contesta.

     – Juan, qué alegría, ¿como estas, que es de tu vida?

     -Ana, pues como te decía, quería quedar contigo, hace tanto tiempo que no te veo, ¿cuándo te viene bien?.

Está nerviosa, se le ha olvidado todos los problemas que le hacían llorar.

     – Juan, si está misma mañana podemos quedar. 

Contesta con el corazón sin pensar en nada más. De repente Ana, se acuerda que tiene la cara con una hinchazón importante y un ojo morado, donde se vislumbra el florecimiento de un gran cardenal, con lo que cambia de idea rápidamente.

     -¡Ah! no me acordaba, hoy no puede ser, tengo que ir al médico, ¡cómo tengo la cabeza!.

     – No te preocupes yo paso por ti y te acompaño. ¿Sigues viviendo en el mismo sitio?

Ana se pone nerviosa, no sabe que decir, su corazón está a mil, las ganas de volver a verle pueden más que su aspecto. Pero claro ¿qué va a hacer si le ve con este aspecto?.

Decide quedar con él, sabe lo que hacer y se encuentra decidida a llevar las riendas de su vida.

      -Sí, sigo viviendo en el mismo sitio y el médico lo voy a cancelar.

     – Ana, estupendo, nos vemos en tu casa, paso en una hora a recogerte. Un beso.

No le da tiempo a Ana a decir nada más, y le cuelga.

Ana se levanta, el frío de la casa se convierte en un calor agradable, se levanta y se va al baño rápidamente, se ve la cara en el espejo, él, le dice lo que ha ocurrido hace poco tiempo, se mira y comienza a llorar. Se da cuenta de que si no quiere que la vea así, tiene mucho trabajo por delante. 

Al mismo tiempo piensa en que Antonio, su monstruo particular, no llegue a enterarse, sería su fin.

Tras más de 45 minutos frente al espejo, sale con otro aspecto bien distinto, ha conseguido disimular todo, está radiante con sus labios bien pintados de un rojo intenso, hacen que sus ojos destaquen todavía más, el azul intenso de su mirada. Con esa melena a medio rizar Rubia, bien colocados cada pelo procurando tapar alguna cicatriz antigua en el costado de la frente.

Pero ella esta feliz, se ve muy bien, confiada en sí misma y comienza a elegir que se va a poner, parece una niña de 15 años sacando toda la ropa del armario, con los nervios en el estómago, que no se le quitan, cada 5 minutos mira el reloj, no quiere que llegue sin que esté preparada.

Ya casi es la hora y aún no ha terminado de arreglarse, en el preciso momento que suena el timbre de la casa. Da un sobresalto su corazón, se ha acelerado aún más, si es posible, el pecho se le oprime, son los nervios de volver a ver a Juan.

Sale de la habitación rociándose de perfume, se dirige a la puerta, las piernas le traicionan y comienzan a temblarle, aun así, ella sigue y lo recibe en el portal.

Ahí esta él, Juan, se miran los dos como dos niños adolescentes, ella ya tiene 35 años y Juan 37, pero están como flanes, como si fuera la primera cita de sus vidas, han olvidado lo vivido hasta ahora.

Él, se acerca a Ana, y le da un beso en la cara muy cerca de la comisura de los labios, tanto que se le ha manchado los labios del carmín rojo de Ana. Ella, fue la que forzó un poco la situación, desviando un poco la cara en el último momento. Al mismo tiempo que se abrazan con un cariño y ternura que no había sentido Ana nunca.

Juan, denodado le dice:

    -Vámonos, tengo preparado un almuerzo en un lugar que te va a encantar.

Ana le sonríe, con una cierta timidez girando un poco el rostro, asintiendo al mismo tiempo, y dando su conformidad.  

Se montan en el coche de Juan, un vehículo que ella no conoce la marca, pero que por el aspecto, se diría que es de los muy caros. A lo que le pregunta Ana.

    – Oye, y, ¿a qué te dedicas?, ¡parece que te va muy bien!.

    – Bueno terminé la carrera de astrofísica y estoy contratado por la nasa, en un departamento de investigación, la verdad no me puedo quejar. Pero dime, ¿y tú?, ¿sigues con ese Antonio?

   – Si, la verdad es que no está la cosa muy bien, tenemos problemas económicos y él no tiene tiempo para nada, no esta casi nunca en casa, se pasa todo el día fuera trabajando, aun así, no nos llega ni para pagar la luz algunos meses.

    – Pero,  ¿tú no haces nada?.

    – No, él, no quiere que trabaje, dice que debo de estar en casa para cuando él venga. ¡Eso sí, termine mi carrera de magisterio!.

A Juan se le nota que lo que acaba de escuchar no le ha parecido para nada normal, frunciendo el ceño y poniendo mala cara, pero trata de mirar para otro lado, no quiere que Ana le vea, y hacerla sentir mal.

Juan, se fija en la frente de Ana, tiene una cicatriz antigua justo en la sien, la tiene bien tapada por su melena bien colocada, pero él la ha visto.

    -Mira, aquí es, Ana.

Es un hotel de cinco estrellas magnifico, en la playa, acerca el coche hasta la misma puerta y un botones sale y le lanza las llaves como en las películas americanas, nos bajamos los dos y el chófer se lleva el coche a aparcarlo. Ana sorprendida reacciona:

    -Juan, esto es demasiado, creo que en cualquier otro sitio podríamos haber almorzado bien, aquí yo no me lo puedo permitir.

    – Tonterías, vamos, que yo te he dicho que te invitaba, cógeme del brazo y vamos.

Ana, decidida a hacer lo que le viene en gana y con el pulso acelerado, le coge del brazo y entran dirección al restaurante.

En la recepción le saludan como si de un gran cliente se tratara, se acercan dos botones hacia ellos, y los acompañan al restaurante, indicándoles donde está la entrada, ellos en la puerta los dejan y se acerca un camarero atentísimo mostrándoles la mesa.

Almorzaron platos que Ana jamás había probado, y él, no paraba de comentar lo linda y guapa que se la ve, que debería de trabajar y tratar de salir, y vivir la vida. Ana sin embargo, no le comentó nada de lo que le sucede con Antonio.

Juan, ve que el ojo derecho y el pómulo están cada vez más inflamados, pero tiene bien oculto el morado  debajo del maquillaje, percibe que algo está mal, no quiere incomodar a Ana, pero al final, le pregunta sobre lo del ojo.

Ella, le pone la típica excusa, que se ha pegado un golpe con la puerta del baño esta mañana.

Lo que confirma las sospechas de Juan, sin alterarse y sin mostrarle ningún tipo de duda a Ana, le dice: 

    – Ana, tienes que tener más cuidado, esa cara tan bonita hay que cuidarla, no es para tratarla así.

Sabe perfectamente que eso no ha sido por culpa de un golpe con la puerta, lo que le hace enfurecer, pero trata de que no se le note, a lo que le pregunta a Ana.

    – ¿Dónde está Antonio?, me gustaría verlo, voy a llamarle, ¿tiene el mismo número de teléfono?

Ana le cambia el semblante por completo, no quiere ni pensar lo que le haría Antonio, si se entera de que está con Juan, almorzando los dos solos.  Le comienzan a temblar las manos, la voz se le entrecorta mientras le dice.

    -¡No, no!, a él no se le puede molestar ahora, sus jefes son muy autoritarios, y no le dejan que pierda el tiempo con el teléfono.

    – Bien, discúlpame un momento, he de ir al baño, enseguida vuelvo. -Le dice Juan.

Él, sabe que Antonio está muy cerca de donde se encuentran ahora, le llama por teléfono, provocando la ira de Antonio, diciéndole donde están y que le espera con Ana.

Vuelve a la mesa con Ana, hace un gesto y el maitre se acerca, él, le pide que le asesore sobre que champagne vendría bien ahora. Tras una conversación con él, deciden uno que en la vida había oído, y a los pocos minutos aparece de nuevo con toda la parafernalia, una mesa con una cubitera, una botella elegida anteriormente, y el camarero con una espada que impresiona, le muestra la elección, da el visto bueno Juan, les dan las copas y acto seguido de un espadazo corta la cabeza de la botella. Ella se queda completamente asombrada, no había visto nunca abrir de esa manera una botella de champagne, acto seguido les llenan las copas.

Se levanta Juan, y levantando la copa alza la voz:

    -Ana, levanta y brindemos, por qué desaparezcan los monstruos y tengamos una vida mejor. 

Ella, no sabía ni qué decir, cómo puede saber lo del monstruo, que es como ella llama a Antonio. Piensa Ana. 

Estaba sorprendida, no acaba de comprender lo que estaba ocurriendo.

A esto que se oyen unos gritos en el hall del hotel, consigue distinguir su nombre, Anaaa, Anaaaa, parece la voz de Antonio. 

Se levanta y le empiezan a temblar las piernas, es él está entrando en el restaurante.

    – Antonio ¿qué haces por aquí?  -Le dice Juan.

Se levanta y se dirige hacia donde se encuentra tratando de evitar que se acerque a la mesa, conforme llega lo coge por el hombro y lo gira mirando por donde había entrado, saca del bolsillo de la chaqueta algo que parece un juguete de los niños, como de plástico, similar a una pistola con la que juegan los niños, de estas espaciales. 

Mantienen una charla algo acalorada y trata de darle un golpe Antonio a Juan, él lo esquiva sin ni siquiera molestarse, lo arrincona contra la pared y con la pistola que llevaba Juan le dispara, aunque no se oye ningún ruido, solo un zumbido y una luz como la de un flash de una cámara de fotos potente. Acto seguido Antonio se comienza a desvanecer y desaparece.

     – Estoy incrédula de lo visto, no me lo puedo creer.  ¿Qué es lo que ha pasado? le grito a Juan.

Juan se acerca de nuevo a la mesa, le tranquiliza y le dice:

– Mira Ana, lo que te voy a contar te va a resultar muy extraño e incomprensible, pero como sabes y te he dicho, trabajo para la nasa, yo soy en realidad un viajero del tiempo, lo que me da la posibilidad de ver el futuro y poder enmendar algunas cosas, no podemos viajar muchos días en el futuro, de momento solo 15 días. Pero en cuanto me entere, que este energúmeno te asesinaba esta misma tarde, no pude evitar el venir y tratar de evitarlo por todos los medios, tú siempre has sido mi gran amor, hoy es el día en el que por fin me decido y me declaro a ti. Tú siempre has estado en mi corazón y esta vez no te voy a dejar escapar.

Ana se levanta recelosa y asustada. Se marcha, con una sonrisa en la cara.

Decidida, es fuerte, está empoderada, por fin se ve capaz de decidir por ella misma; sobre todo porque el monstruo ha desaparecido.

Carlos Nieto.

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