Cuento: CUENTO DE UN HADA


Lugar donde dicen, que se pueden oír los silbidos

Cuento de un hada

Según cuentan en Amorebieta -Etxano, las lugareñas del pueblo; los aires frescos, la alegría de sus gentes y la amabilidad, son traídas a este pueblo, por una montaña, cuyo nombre es Belatxikieta.

Los niños y chavales de la zona, suelen visitar a menudo, tratando de descubrir senderos nuevos, investigar, y a donde les lleve la imaginación, ellos son vascos, y miedo, poco tienen a lo desconocido. Lo que desconocen la mayoría, es que cerca de la cima, en dirección (NO) se encuentra oculta, por el tránsito del tiempo, una cueva muy poco conocida, llamada “CUEVA DEL AKELARRE”, un lugar frecuentado por Hadas.

El camino a su ascenso a la cima es muy sorprendente, con unos valles verdes al principio, y conforme se va uno adentrando en la subida, se inunda de ese olor a monte, a pino, es un beso para los sentidos, además, te acompaña todo el camino ese color, que es una alegría para la vista, el verde, de los árboles y los prados, donde de vez en cuando, ves a algún caballo, y si hay suerte, vacas pastando, y te entretienes en verlas, para disfrutar del momento.

Lo que nos lleva a una pandilla de amigas, ya hace algunos años de esto. Solían frecuentar el lugar. Su diversión era variada, iban ataviadas con un generoso bocadillo para el camino, de esta manera podían reponer fuerzas a la hora de la bajada. Solían coger moras, que más de una traía de regreso, el estómago algo revuelto, de la cantidad sin control, que había ingerido en demasía. Otras se entretenían en buscar caracoles, u otros bichos del lugar, arañas y demás insectos, también jugaban al hinke, a los iturris, (juegos populares vascos) se lo pasaban muy bien.

Inconscientes de los peligros que les acechaba la montaña. Un día, de los que solían subir a pasear y divertirse, Anita, una de las amiguitas del grupo, se despistó de las demás y llego a un punto en el que no sabía por donde ir, en esto una luz azulada se empezó a vislumbrar en el fondo, comenzaron a separarse las ramas de los árboles dejando salir a un Hada, y le indico el camino para regresar con los suyos, lo único que le pidió era que nunca comunicase a nadie de lo ocurrido allí, y así fue como lo hizo, nunca dijo nada de lo ocurrido, pero ella quedó fascinada de lo bella que eran esas Hadas, y no encontraba el momento para volver a estar por esos montes. (En ese momento, Anita no era consciente de que había sido ya seleccionada, para ocupar el lugar de esa Hada)

Había días que la montaña les hablaba, con su peculiar forma, abatiendo las hojas de los árboles al viento, y formando prácticamente palabras, tratando de avisarles de que era hora de que se marchasen de allí. Los motivos eran diversos, o bien se acercaba una tormenta, o bien, la hora de las hadas estaba próxima.

Estas Hadas eran buenas de espíritu, vigilaban el bienestar del pueblo. Su dedicación era exclusivamente proteger a Amorebieta-Etxano, y su población de cualquier mal que le pudiera acarrear el clima, pues estaban muy preparadas para ello, se solían ocultar en la cueva, allí era donde tenían todos sus aposentos, y donde se reunían las otras hadas de los montes cercanos, para decidir lo que era mejor para la zona.

Estas niñas desconocían por completo la existencia de las hadas, ellas eran felices y les encantaba poder subir al monte, y cazar bichos, con eso se lo pasaban bomba, practicaban juegos de todo tipo, ellas se tenían las unas a las otras, y no tenían miedo a nada, pasaron allí sus mejores momentos de la infancia, lo que no iban a olvidar en muchos, muchos años.

Pasado el tiempo y conforme se hicieron mayores, cada una tuvo que tomar sus diferentes direcciones, propias de la vida que vivimos, pero nunca olvidaron los momentos felices que pasaron juntas.

Un día la añoranza, les hizo decidir recordar lo vivido y juntarse, celebrando el volverse a encontrar todas juntas, ya mayores y con familia. Adultas ellas, lo festejaron y formaron un grupo por el que mantenerse en comunicación y de esta manera no perder el contacto durante tanto tiempo, esos recuerdos de la infancia, están marcados a fuego en sus corazones.

Pero el devenir de la vida, hizo que una de ellas Anita, fuera reclamada por la montaña, había surgido la necesidad de una nueva Hada para cuidar el monte, y tras mucho resistir y tratar de alargar lo inevitable, la montaña consiguió al fin, lo que andaba buscando, y Anita realizó el viaje que le solicitaban.

Al final se tuvo que marchar.

Y fue convocada al conclave de las Hadas, en los árboles de Belatxikitea. En ese momento, la nombraron Hada del Monte.

Ahora hoy en día, es la que vigila y cuida del lugar para que los niños que suben el monte, estén protegidos y cuidados. Ella es feliz en su lugar de la infancia. Sus amigas cuando tienen ocasión, se acercan para recordar los momentos tan entrañables que llegaron a vivir allí, juntas.

Se dice, que si escuchas atentamente, oirás un silbido suave entre los dos árboles, es el Hada (Anita) que te está saludando.

Carlos Nieto

En memoria de Anita, por petición de sus amigas de la infancia.
Estás siempre con nosotras.
Piedi, Loli, Sonia, Esther, Berna, Mar, Visi y Luz.

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Nota del Autor: Yo no tuve el gusto, ni el placer de conocerte, pero por lo que he podido saber, me hubiera encantado, me perdí quizás, una gran amiga.

Visitaré ese lugar sin dudarlo. Tal vez, te oiga silbar.

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