Opresores

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Astronauta.




Estamos llegando al asteroide J45, el viaje ha sido muy revelador, hemos podido comprobar la belleza del cinturón de asteroides de Saturno. Siempre que hemos viajado por esta parte del sistema solar nunca lo habíamos podido ver tan de cerca, como en este viaje. La inmensidad de sus anillos se convierten, una vez te acercas, en grandes rocas de hielo que brillan como topacios, y toman unos colores fascinantes para la vista.

La tripulación se está moviendo de aquí para allá, parece que están nerviosas las azafatas. Se ha encendido el símbolo de que permanezcamos en nuestros asientos, y con los cinturones de seguridad puestos.

Respetuoso con las normas de seguridad, me dirijo a mi asiento, y me coloco correctamente mi cinturón. Observo por encima de mí, atreves del techo de la nave que es transparente, para poder tener una gran experiencia de inmersión en el viaje espacial (me ha costado un pico, pero ha valido la pena viajar con esta compañía) y observo la belleza de los anillos, debemos estar ya muy cerca del destino.

El asteroide J45, que ya se aprecia su brillo azulado, se vislumbra y también se ve otro objeto extraño, que se aproxima hacia nuestra posición. ¡Qué raro!, puesto que está prohibido que se aproximen tanto las naves entre sí, salvo las que tiene que hacer transbordo. ¡Pero nosotros no tenemos ningún transbordo programado!.

Sigo mirando sin perder detalle de la aproximación de esa nave hacia nosotros. Nunca he vivido un transbordo, esta es mi primera experiencia, dicen que es muy emocionante. ¡Pero no nos han avisado de que se vaya a efectuar tal maniobra!.

Gira la otra nave y colocando sus propulsores sobre los nosotros, enfocándolos justo encima de la cúpula de observación, donde todos nos encontramos atónitos mirando. Pues el peligro de que se produzca una rotura, por el efecto de los propulsores sobre nuestra cúpula es evidente. Aun así, sigue aproximándose cada vez más, comienzan los nervios en el pasaje. Una señora de avanzada edad comienza a recriminar de una forma muy grosera a la azafata, (que ella ha pagado un buen dinero para viajar tranquila y esto no estaba programado).

Se para la música ambiental que teníamos todo el viaje; por cierto muy agradable y relajante.

El capitán de la nave nos comunica que es una nave de la colonia rebelde de Hiperión, reivindicando su independencia del tratado galáctico de sistemas, que no nos preocupemos, están hablando con ellos y se retiraran en breve de nuestra trayectoria.

La gente comienza a murmullar y a hablar de esos pobladores de Hiperión, siempre con sus pretensiones de independencia, si es una roca que da vueltas de forma caótica, lo que les debe de haber vuelto locos. Razón no les falta, siempre han sido los más rebeldes de todo el sistema, nunca han estado conformes con los tratados que sí que han firmado todos los demás planetas, lunas y asteroides de nuestro sistema.

La nave la tenemos prácticamente encima de nosotros, el nerviosismo comienza a ser generalizado incluso con la tripulación. Sale un astronauta de la otra nave y se dirige hacia nosotros, lleva algo en la mano y la gente empieza a gritar, avisando del peligro y la amenaza que supone, ya que es posible que puede hacer algo en la cúpula.

Ha llegado y chocado contra nosotros, SI, se ha enganchado a nuestra nave con sus botas magnéticas. Todos estamos asombrados sin apartar la mirada de la cúpula, ni del astronauta. El silencio que se ha producido en el interior de la nave es ensordecedor, está ahí, mirándonos no hace nada, se mueve de un lado a otro, como si esperara instrucciones de alguien.

De repente aproxima su mano a la cúpula con el objeto que llevaba encima, comienza a rociar la cúpula con un líquido. El descontrol dentro de la nave se apodera, el temor de que sea algún tipo de ácido corrosivo que haga estallar la cúpula, provoca el caos. Los gritos y desplazamientos hacia otro lugar hacen que se forme un tapón a los extremos de la nave, donde da acceso a los otros niveles de la nave.

A los pocos minutos comienza a formarse unas palabras en la cúpula de la nave, de gran tamaño con la siguiente frase:

Imperio Galáctico, OPRESOR, Hiperion Libre.

Todos al ver que era un grafiti de nanopartículas, se comienzan a relajar, algunos se ríen y comienzan a hacerle burlas al astronauta, con gestos soeces algunos de ellos, otros con comentarios como: estos radicales de que van, que se han creído. Fuera, fuera, grita la gente, otros animan al capitán para que acelere y lo arrastre con la nave.

Hemos pasado del miedo, a la locura y al frenesí.

Al poco comienza a rajarse suavemente la cúpula, unas líneas imperceptibles, pero yo sí que las veo, me callo pues ya no había escapatoria, a los pocos segundos la grieta se veía por toda la cúpula haciéndola reventar de inmediato.

Exploto la cúpula y salimos todos despedidos al espacio, la muerte fue casi instantánea, nos convertimos en estatuas de hielo, unos chocaban con otros y se rompían en trozos, otros nos quedamos flotando en el frío y solitario espacio.

Solo silencio, ningún sonido, flotando.

Ya ninguno de nosotros se reía del astronauta, ni de Hiperion.

Carlos Nieto


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