Cuentos Relatos

Relato: Fantasma


Un relato de Relatando.com


Todos se creen que los fantasmas no existen, pero hoy, en este relato les voy a demostrar lo contrario y que están equivocados.

Cuando salgo a pasear a mi perrita por la playa, es ya tarde, serán las doce de la noche, pues no tengo otro momento para poder caminar con ella.

Pues cada día que paso por esa zona, donde se encontraron esos cuerpos, (de las chicas que se ahogaron en el mar), noto un estremecimiento por todo mi cuerpo, además de un fuerte olor a perfume acompañado de unos sonidos, que pudieran ser de una muchacha tarareando.

Pero el otro día fue más intenso, tanto el olor como el sonido, trate de acelerar el paso y salir de esa zona, pero un sonido me hizo detener mi marcha y mirar hacia atrás, eran ellas como siempre, pero esta vez estaban llamándome por mi nombre, “Carlos, Carlos no nos abandones”. Este hecho me hizo aproximarme un poco y observarlas con más detenimiento, y la verdad me resultaron familiares las dos chicas, no recuerdo de que las conozco, pero, nunca antes las había escuchado pronunciar palabra alguna.

Al siguiente día que fui por la zona nuevamente con mi perrita, callejeando me encontré con un antiguo amigo, Juan, que hacia tiempo que no veía, le comente lo de los fantasmas que veía en esa zona. Me dijo que me dejara de tonterías, total que me convenció para qué nos acercamos por la zona, advirtiéndome que seguro que no son fantasías mías, al ratito de estar paseando por la orilla, se comienza a notar ese olor a perfume, hoy la intensidad era abrumadora, y los sonidos de alguien tarareando eran claros como el aire que envuelve la noche.

Le lanzo una mirada de incredulidad a mi amigo, y le digo.

—¿Qué me dices ahora de lo que está sucediendo? Gírate y mira, están allí.

—A lo que él me dice: -¡Si, las veo!, vamos a acercarnos, que tú nunca te acercas para ver que es lo que quieren.

Nos aproximamos, cada vez más cerca, donde se encontraban esas siluetas. En el momento en el que prácticamente estábamos ya para poder alargar el brazo y tocarlas. Una de ellas con esos ojos arrasados e inundados de oscuridad, se gira hacia mi amigo, (mientras la otra se acerca por detrás de mí), y le dice:

—Gracias Juan, por haberlo traído hasta nosotras, estaba perdido, ahora lo llevaremos donde le corresponde.

En ese momento, el estremecimiento que note en todo mi ser fue desmedido, recordé que Juan, mi amigo, había tenido un accidente hace ya unos años, no sé cómo pude olvidarlo, él estaba muerto, fallecieron todos lo que iban con él, en ese trágico accidente en el mar, con una lancha chocando contra las rocas.

Ellas me agarraron con fuerza y no me dejaron escapar, se introdujeron poco a poco en la mar, arrastrándome con ellas, mientras que Juan me miraba desde la orilla, me grito:

—Carlos, recuerda que TÚ, eras el que conducías la lancha aquel día con nosotros.

Así, que lector, ten por seguro que los fantasmas existen, quien si no, ha escrito estas líneas.


Carlos Nieto.


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