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Maldita suerte.

La suerte puede aludir sucesos venturosos o favorables inesperados, sin otra explicación posible más que la casualidad, así como puede referirse a hechos adversos, accidentales, que ocurren asimismo de manera imprevista: “Qué mala suerte: cada vez que me animo a sacar el auto hay tráfico”; “La buena suerte de Fran es increíble: adonde llega le va bien”.

En este sentido, hay quien decide confiar a la suerte una decisión o la resolución de algún problema o asunto, lo cual implica que no va a forzar las cosas sino dejar que fluyan naturalmente hacia su solución: “Dejemos esto a la suerte”.

La suerte no tiene explicación; se encuentra más allá de toda comprensión humana, de sistemas lógicos, racionales o estadísticos, de allí que siempre haya gozado de una naturaleza enigmática que ha propiciado el desencuentro entre sus partidarios y detractores, es decir, quienes creen en su existencia pese a no poder explicarla, y aquellos que la consideran simplemente una superstición fundamentada en la necesidad humana de darle explicaciones mágicas a aquello que se ignora.

De esto va esta historia, de la suerte, mala o buena es una decisión que ustedes decidirán, espero que les guste.

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Maldita Suerte.

El día comenzó fresco, con un sol radiante, prometía ser muy bueno para pasarlo en el campo con los amigos, habíamos quedado vernos en la salida del pueblo, para ir a comer y realizar una ruta de senderismo a una zona boscosa, en el interior de la sierra Espadan. Teníamos preparado todo para poder hacer un recorrido que planeamos tiempo atrás.

Estábamos todos ya en la salida del pueblo, en el punto de quedada y nos dirigimos hacia la zona determinada por nosotros para comenzar nuestra ruta a pie, una vez llegamos, tras los besos y saludos de todos, dejamos los coches aparcados en un lugar seguro, sin que molestara y nos dispusimos a caminar. Comenzando nuestra ruta ya planificada, éramos un total de 6 personas, estábamos alegres y dispuestos a pasarlo bien, el comienzo fue fuerte, nos encontrábamos frescos y descansados y la subida a la montaña se hizo fácil.

Una vez arriba, pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares, se podía divisar toda la costa, el aire era limpio y el cielo estaba azul intenso, fue reconfortante y nos animó a continuar con el recorrido. La bajada fue algo más tortuosa, nos costó algo más de lo que pensábamos, pero una vez abajo, se notaba el fresco del sombrío del bosque en el que nos estábamos introduciendo, la humedad ambiente y el aire más frío, provocó que nos pusiéramos el chubasquero que llevamos por si llovía, pero en ese momento nos vino bien, nos proporcionó ese punto de calor para poder continuar. Llevaríamos por el interior de ese bosque unos 2 kilómetros recorridos, cuando vimos un agujero en mitad del camino, era muy grande, mediría unos 50 metros de diámetro, nos acercamos con cuidado al borde y yo decidí tirar una piedra al fondo, para tratar de averiguar la profundidad del agujero, nos quedamos atónitos pues no llegamos a oír el golpe de la piedra contra el fondo, lo que nos hizo repetir la operación varias veces, sin conseguir ningún otro resultado, solo el silencio.

Bordeamos la rotura que teníamos delante y continuamos unos cuantos metros, a los pocos minutos volvimos a encontrarnos con otro hoyo de dimensiones parecidas, nos sorprendió mucho, el que esos agujeros estuvieran allí, no había explicación, ni teníamos conocimiento de que eso estuviese en esa zona, la diferencia con este, era la cantidad de agua que tenía en su interior, estaba prácticamente lleno, a falta de unos dos metros de llegar al borde; el agua se veía oscura, casi negra. Nos quedamos un rato en el borde observando, con sorpresa, esa piscina natural un tanto oscura, en mitad del bosque. Nos preguntábamos que podía ser y como no sabíamos nada de estos agujeros tremendos, con todo lo que habíamos estudiado la zona antes de realizar el recorrido. Deberían de haber informado por algún medio, ya que se encuentra en mitad de una senda que suelen recorrer deportistas y senderistas como nosotros.

Tras pasar allí un rato contemplando lo inexplicable, continuamos nuestro recorrido. Llevábamos ya unas dos horas y media de caminata y comenzamos a atisbar un lugar para hacer un descanso y tomar algo, no muy lejos de donde estábamos. Parecía una zona llana tranquila y con buena sombra, conforme nos acercamos a nuestra área de descanso, contemplamos con asombro y sorpresa una nueva abertura, no tan grande como los anteriores, sería la mitad, este no era tan extraordinario en su redondez, aunque si era profundo, probamos nuevamente con la técnica de tirar una roca al fondo, sin conseguir oír nada. Como el cansancio nos abrazaba decidimos parar allí mismo, cerca del foso a unos doscientos metros.

Sacamos nuestros bocadillos y bebidas para comenzar a almorzar, el almuerzo iba muy bien con las bromas típicas del momento, estábamos ya terminando cuando un ruido muy fuerte, hizo retumbar el suelo donde nos encontrábamos sentados. Nos levantamos del suelo como por un resorte, dando un salto y mirándonos a la cara todos, sorprendidos y abrumados por el sonido tan espectacular que acabamos de oír. Decidimos acercarnos al foso, para tratar de averiguar si era de allí, de donde procedía el sonido, al acercarnos pudimos comprobar que el foso tenía las dimensiones como los otros, se acababa de hacer más grande, mientras nosotros almorzábamos. Esta situación nos provocó cierto pánico y terror, pues nos podía haber pasado cuando estábamos en el borde pocos minutos antes. La decisión fue unánime, nos volvíamos a por los coches y nos largábamos de ese lugar, no nos parecía seguro permanecer por la zona con tantos fosos. Pensando que alguno podía producirse delante de nosotros y llevarnos al fondo.

El regreso comenzó rápidamente, no nos entretuvimos en terminar el bocadillo, nos lo fuimos comiendo por el camino de retorno. La alegría que teníamos en un principio se nos fue del rostro, eran más bien de preocupación por estar alertas, expectantes, por si se abría un agujero delante de nosotros. Habíamos dejado atrás los fosos vistos anteriormente, los rodeamos y no encontramos ninguno más. Llegamos al pie de la montaña para el ascenso, la bajada nos costó realizarla antes, esperemos que la subida no nos cueste tanto, sin pensarlo nos dispusimos a subir, no llevaríamos ni dos minutos cuando otro ruido similar al anterior, pero esta vez mucho más fuerte y más cerca, nos hizo parar, el sonido venía de la misma montaña, un poco más arriba, a los pocos segundos del ruido comenzaron a caer piedras de la parte de arriba de la montaña algunas eran muy grandes, lo que nos hizo regresar de nuevo abajo. Esperamos a que terminaran de rodar piedras, no hacíamos más que mirar hacia arriba, pero no se podía divisar nada extraño, se veía todo igual que antes, no conseguíamos ver si había algún agujero.

Pasada una hora del incidente, decidimos retomar el camino de regreso y comenzar de nuevo a subir, esta vez, si cabe con mucha más precaución. Estaríamos a mitad de la ladera cuando un cierto olor a podrido comenzó a extenderse por todos los lados y además una pequeña neblina muy baja, no levantaba del suelo más de 40 o 50 centímetros. Se comenzaron a ver grietas de unos pocos centímetros en el suelo, unos 30, pareciese una araña vista desde arriba, con grietas que se unían a otras, formando una ramificación por toda la ladera. El olor comenzó a ser insoportable, la neblina muy espesa y baja nos hacía difícil poder ver por donde caminábamos. Nos encontramos atrapados, no nos atrevíamos a movernos del sitio, era muy peligroso. Nos paramos, y con el móvil hicimos una llamada al 112 para solicitar ayuda, el problema era que no teníamos cobertura ninguno, este hecho, produjo que se nos pusieran los nervios a flor de piel. No sabíamos que hacer permanecimos quietos unos minutos esperando que se despejara la neblina, pero el intenso olor era cada vez más insoportable, produciendo un cierto mal estar respiratorio y algún pequeño mareo. Decido ir delante y trato de avanzar poco a poco. Conseguimos llegar a la cima sin conseguir ver ningún foso, la neblina se había despejado, estaba por la ladera, pero aquí en la cima no había ni rastro. Podemos ver un poco más abajo los vehículos, están aparcados a la orilla del camino, nos invade la alegría de poder ver que estamos a salvo, decidimos sin más emprender el descenso y dirigirnos velozmente hacia los vehículos.

Faltarían unos pocos metros para llegar a los coches, cuando un nuevo estruendo y temblor se produce, nos agachamos y callamos, mirando hacia todos los lados, las caras eran de terror, pánico, escepticismo, no podíamos creer que otra vez sucediera lo mismo. Mi pensamiento no dejaba de decirme ¡Estamos lejos de los agujeros! ¡No es posible!.

Pasados unos pocos minutos nos volvemos a incorporar, nos introducimos en los autos y nos vamos de allí sin mirar atrás.

Llegando a casa puedo escuchar una noticia en la radio, un volcán que no se conocía, a erupcionado justo en la zona dónde estábamos, arrasando de la explosión a los dos pueblos próximos, además de producir un incendio con grandes llamas y con lava corriendo por los valles, advirtiendo que no se aproximen a la zona, puesto que es muy peligroso.

La suerte ese día nos sonrió y nos llevó por el camino de la salvación, a pesar de mi tremendo horror, pensar que hace tan solo unas horas, estábamos de senderismo por la misma boca del volcán.

Hablamos todos los amigos del incidente, éramos todos del mismo pueblo, queríamos quedar en un bar para hablar de lo ocurrido y de la suerte que habíamos tenido. Todos de acuerdo quedamos en el bar de la carretera de salida del pueblo, donde se toman unos cafés estupendos y hay sitio para todos.

Una vez allí todos reunidos, se nos veía las caras de felicidad y nerviosismo, al mismo tiempo, era una situación muy inesperada lo que nos había ocurrido, entablamos conversaciones por grupos de dos, comentando el miedo y la suerte, entre risas nerviosas. Una vez más calmados y ya en la seguridad que nos proporcionaba el estar lejos del peligro, comenzamos a relajarnos y a distendernos con risas más suavizadas, pensando en nuestra próxima aventura.

Éramos felices por la suerte tan buena que habíamos tenido.

Por lo que se pudo saber el volcán exploto por segunda ocasión, esta vez la explosión fue de dimensiones bíblicas, lanzando piedras junto con magma y residuos a más de 35 kilómetros de altura, llegando a pueblos costeros como en el que se encontraban estos amigos. Uno de estos proyectiles alcanzo un bar a las afueras del pueblo arrasando por completo la zona y todos los que allí se encontraban, entre ellos los protagonistas de la historia.

Carlos Nieto.

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