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Corre, Corre.

Tengo una historia que quizá te pueda interesar.

Corre, Corre.

Este es un joven universitario, vive con su compañero de cuarto, está muy lejos de casa, pues su centro de estudio le queda retirado de su domicilio, en otra provincia lejos de sus padres, donde vivía hasta hace poco.

Se lleva bien con el compañero de cuarto, pero mientras uno duerme en la cama con las luces del sol deslumbrando por la ventana, el otro se entrega a sus labores noctámbulas sin sentir culpa alguna. Se sabe la programación de todos los canales de la noche y además está acostumbrado a pasar horas y horas en Internet, pero hoy en día la programación no es nada aceptable, por lo que hay días en los que no tiene absolutamente nada de interés que ofrecer.

Entonces cuando el aburrimiento, la locura, la que te reconcome por dentro, se apodera de ti, toma posesión de tus decisiones más irracionales, llevaba varias noches así, no había nada que hacer entre la televisión e internet, más allá de ello las opciones eran muy pocas, así que un día, ni corto ni perezoso decide hacer algo nuevo:

¡Voy a salir a pasear de noche, me voy a vestir y voy a dejar que mi imaginación deambule por mis pensamientos mientras camino y camino!

Estoy en la periferia de París una ciudad importante de Europa, no hay inseguridad y la peligrosidad es muy baja.

Se viste con cierto cuidado de no despertar a su compañero, está en silencio bajando las escaleras para que nadie lo escuche, es muy considerado con todo el mundo, ya que la mayoría está durmiendo, silenciosamente introduce la llave en la cerradura, no hace más que abrir la puerta de cristal y el fresco de la noche le pega en la cara, sale a caminar se deja estar 40 minutos sumergido en sus propios pensamientos, y al cabo de un rato se da cuenta de que ya está a cierta distancia del complejo universitario. Está paseando por una calle contigua a un parque, se ven los árboles oscuros, los matorrales y la brisa, que es su única compañía, que lo escolta y que junto a sus pasos, son el único sonido que se puede escuchar en la calle.

Levanta la mirada, porque se da cuenta de que más adelante, uno de los faroles de luz no funciona, y nota que dos esquinas más allá, hay una figura parada en medio de la calle, no puede ver las facciones de su cara, no puede ver ni siquiera que lleva, pero sabe por la forma que tiene el sujeto, que está de pie en medio de la vía, que tiene puesto un sombrero, y parece ir bien vestido, por el corte de la silueta. Está quieto, sin moverse de frente a él, más que probablemente mirándolo.

1 millón de cosas le pasan por la cabeza. Primero se da cuenta de que la figura se comienza a mover, sus nervios comienza a florecer, no quiere pasar cerca de él, ya que es una manera de iniciar una conversación, a él no le apetecía nada hablar con nadie, además no le parecía seguro, le daba como un escalofrío cada vez que veía a esa figura, allí, en el fondo.

Él hubiera querido lo que cualquier otra persona, simplemente pasar de largo.

No puede ignorar al individuo que se encuentra en el fondo de la calle, está de pie en medio de la carretera, comienza a dar vueltas se mueve de forma errante, se para de nuevo se ve la silueta negra, ve que le está mirando fijamente, entonces el individuo rompe la quietud y empieza a moverse con movimientos absurdos, dando vueltas y agachándose. Al principio cree que está caminando raro, después que está borracho, pero no, el individuo no está caminando raro, tampoco está borracho, está bailando, es muy extraño, baila como una especie de Swing con poca gracia, dando una vuelta y bailaba, el juego de pies parece ser impresionante, golpeando el suelo con los zapatos, cada movimiento del individuo era para acercarse más a él, redujo la distancia a unos cuantos metros delante de él.

El joven está más cerca, se da cuenta de la creatividad y de la habilidad que tiene con los brazos y los pies, puede darse cuenta de que está vestido elegantemente, finalmente se fija en que el hombre tiene una sonrisa enorme, casi imposible, una piel azulada, amarillenta y unos ojos grandes que miran hacia arriba, los ojos enrojecidos, pero no es rojo endemoniado, sino de una persona enferma, con las venas de los ojos visibles, que le dan ese aspecto enrojecido, con los ojos vueltos hacia arriba, y la mirada perdida en el cielo nocturno. Pero la cabeza está en posición recta, mirándole hacía él, nota que se está aproximando poco a poco, bailando y dando una vuelta y meneándose y acortando la distancia.

El miedo, el desasosiego, se apoderó del chaval, lo veía como algo horroroso, monstruoso, horrible, se da media vuelta y empieza a correr lo más fuerte que puede, corre, corre, intenta ver por detrás de su cabeza, corre, corre, gira la cabeza para ver por encima de su hombro y entonces observa que no ve al tipo y se detiene en medio del asfalto, deseoso de que por ahí pasee una patrulla de la policía, que brilla por su ausencia, así como cualquier otra persona, se queda mirando, observando, atisbando la calle, al parecer el tipo había desaparecido, se da media vuelta puede ver que a unos 20 metros de distancia, hay una camioneta, pero el problema no es la camioneta, el problema es lo que hay en la sombra de la camioneta haciendo juegos con la luz del farol que estaba prácticamente encima, se da cuenta de que es el tipo ese, se encuentra en cuclillas, acechando a un costado del vehículo, con la cabeza dirigida exactamente hacia él. Entonces la sonrisa enorme, los ojos enfermos que miran hacia arriba, se dirigen hacia su dirección.

Conforme se acerca, al darle la luz del farol sobre su rostro, puede apreciar que es muy delgado y muy alto, y se le queda mirando, mirándole fijamente, pero con los ojos vueltos al cielo, en un amago el chaval tratando de huir de la escena, se mueve rápidamente intentando comenzar a correr, y el individuo imita el movimiento exactamente, repite los movimientos del chaval, como si fuera un mimo, el joven se mueve para mirar hacia atrás, buscando como escapar, aunque sabe que el otro va a correr tras él; o por lo menos eso cree. Los ojos no lo miran siguen hacia arriba, con una sonrisa de un loco perturbado y unos dientes enormes y amarillentos, el individuo entonces se mueve y empieza a bailar, hace unos pasos de baile y comienza a acercarse esta vez con mayor rapidez, de un salto inexplicable se planta delante de él, lo tiene casi encima, el chaval grita, le chilla más bien tratando de intimidarlo, está justo enfrente a muy pocos metros, unos 3, le grita:

¡voy a llamar a la policía!

¿QUÉ ES LO QUE QUIERES? ¡Déjame EN PAZ!

El individuo se quedó quieto, inmóvil, como si de una escultura se tratara, cosa que aprovecho el chaval, y comenzó a andar marcha atrás, sin dejar de mirarle, se quedó allí quieto parado, mientras él, continuaba caminando hacia atrás, sin perderle de vista, el miedo le hacía temblar, aun así él, continuo caminando hacia atrás, no quería quitarle el ojo de encima. Tendría ya una distasia considerable, unos 100 metros, cuando empezó a bailar otra vez, pero más rápidamente en dirección hacia él.

Se dio media vuelta el chaval y empezó a correr, correr, a los pocos metros lo ve, pero esta vez lo tiene delante mismo, no se lo explica, no había visto que lo adelantara en ningún momento, se para en seco, da media vuelta y sale corriendo, gritando y pegando alaridos, con la mente en blanco, intentando entender cómo diablos le adelantó, cuando él, estaba corriendo en dirección contraria de donde se encontraba este individuo.

Por mucho que corrió, lo volvió a encontrar de frente otra vez, muy cerca, casi se da de bruces con él, y es cuando pasa del miedo a la aceptación, el miedo, la rabia, y por último, la aceptación, esta situación hace que comience a llorar, y le empieza rogar.

¡Por favor déjame, por favor déjame en paz!

¿no sé qué quieres de mí?, ¡pero por favor déjame en paz!

El hombre no se quita su sonrisa, como si estuviera tallada en su cara, el sombrero no se movió de su posición en ningún momento. Comienza a bailar, pero alejándose y alejándose y alejándose. Cuando lo tiene como a unos 250 metros de distancia el chico se da media vuelta y vuelve a retomar su carrera y corre, corre, y se dirige hacia su residencia de la ciudad universitaria, cada pocos metros se giraba mirando por encima del hombro, tratando de asegurarse de que continuaba allí, donde se quedó, al girar una esquina se detuvo unos segundos para dar un último vistazo al individuo, confirmando que estaba muy alejado.

Como si de una broma macabra se tratara, en esta última vez que gira la cabeza para verlo, se da cuenta de que está volviendo a bailar, pero en el preciso momento que él lo mira, se detiene, lo mira fijamente, acto seguido comienza a correr hacia él, esta vez solo corre, no baila, corre, corre, moviendo los brazos como si de un atleta se tratara, el chico comienza a gritar, a llorar a lágrima suelta, empieza a correr en dirección a la residencia universitaria, corre como nunca ha corrido, tratando de alcanzar la zona universitaria, consigue llegar cerca de los edificios de la residencia, no mira atrás, él continúa gritando y llorando sin parar, ve cerca de él que hay algún que otro estudiante por la calle, ve un grupo de chavales cerca de un edificio, llega llorando el chico, cae de rodillas en la acera, se tumba en el suelo y no deja de llorar.

El bailarín lo mira desde cierta distancia y se va introduciendo entre las sombras de los árboles, hasta que desaparece por completo.

El joven a partir de aquí ya no es noctámbulo por capricho, es noctámbulo porque no consigue conciliar el sueño, esa experiencia le marco y no le deja dormir tranquilo, que se sepa, el individuo no lo volvió a ver, claro esta, tampoco volvió a salir de noche a pasear, tampoco se le pasó por la cabeza quedarse en París, decidió dejar la carrera universitaria, dejo sus trabajos que tenía para poder pagarse los gastos universitarios, ¡y sí! regreso al campo, a casa de sus padres.

Una noche de invierno, el padre había salido a realizar un trabajo en el campo, serian las cuatro de la mañana, cuando el chaval, en sus noches errante por la casa, le suena el teléfono, era su padre le pedía ayuda; se había quedado atrapado en una zanja muy cerca de la casa y no podía mover el tractor. Él no había salido por la noche desde hacia más de un año, desde el incidente en París, el miedo se apoderó de él, volvieron esos demonios que tenía ya por olvidados, claro esta, tuvo que decidir si ayudar a su padre o quedarse paralizado por el miedo, pudo el amor hacia su padre, se armó de coraje y salió a tratar de ayudarlo.

Sabía por las indicaciones, que estaba a la orilla de la misma carretera que da acceso al pueblo, donde se encontraba, no llevaría ni 10 minutos caminando cuando lo pudo ver al costado de la carretera con el tractor metido en la zanja, la noche era clara, la luna llena, e iluminaba toda la zona con un color gris plateado. Estaría a unos 10 metros del padre, cuando ve que encima del tractor, aparece la sombra de un sombrero, que emerge detrás del vehículo, la figura delgada, un traje elegante, era el bailarín, no tenía ninguna duda, este hecho lo paralizo por completo, se le agarrotaron todos los músculos, trato de girar para marcharse, pero no pudo moverse. Comenzó a bailar encima del tractor, y dar vueltas, de un salto se plantó justo delante de él.

El padre al verlo comenzó a gritar a su hijo, corre, corre, ¡es él!, el loco del pueblo, que lo matamos entre todos cuando niños, corre, corre, juró que se vengaría de nosotros agarrando a nuestros hijos, corre, corre, que no te coja, es un loco perturbado que mato a más de 20 chavales cuando vivía en el pueblo, corre, corre.

El chaval, paralizado por el miedo y las palabras que le dijo su padre, amenazado, trastornado, no sabía que hacer, trato de reaccionar, pero ya fue tarde, el bailarín saco un machete de dimensiones exageradas, y lo blandió delante del padre, la luz de la luna reflejaba sobre la hoja, lo que le produjo una ceguera momentánea, y con un giro espectacular de baile lo atravesó, eso solo fue el primer corte, luego continuo con otro movimiento de baile rapidísimo y definitivo, con el que lo ajusticio. Comenzó a bailar y a dirigirse hacia las sombras de los árboles difuminándose entre ellos, allí desapareció con sonidos de sonrisas, que se podían oír en toda la comarca. Jaaaja, Jaaaja, Jaaa…

Desde esa noche nunca más volvió a salir por la noche, de hecho no salió ni de noche ni de día, cumplía condena en una prisión por el asesinato de su padre.

Nadie creyó en su historia del bailarín.

Carlos Nieto

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2 comentarios

  1. Creo que es una magnifica historia de suspenso. No me llevò al terror, pero si me mantuvo en vilo aguardando el salto repentino de algo inesperado. No sè si es Carlos o es Luz, o ambos escribiendo a dùo…Pero aquì dejo mis felicitaciones. Gracias.

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