Cuentos Relatos verano

18 Años, ¡Qué verano!

Cuando la multitud de colores invade los pensamientos de Ángel, es en el preciso momento que él, se da cuenta de su capacidad de poder ver más allá de sus reflexiones, inquietudes, y demás circunstancias que le aturden cada día. Provoca en él una sensación de inseguridad. Él, puede ver lo que va a suceder, antes incluso de que se piense en realizar. Es principio de verano, el día de su 18 cumpleaños, ¡sí!, es este preciso día, en el que Ángel, comienza a ver el mundo con unos ojos que solo antes había podido imaginar. Recordará este verano por el resto de sus días. Su primera visión en el momento que percibe que algo le está sucediendo, algo extraño, excepcional, inusual, le provoca mareo, un desvanecimiento sutil, que le causa un ligero movimiento de piernas, escorándose, provocándole cierta inestabilidad.

Puede ver a su hermano como si estuviera allí mismo. Ve que está llamando al timbre de la puerta; puede observar que trae unas cervezas muy frías. Seguro que para disfrutarlas en su compañía, y así poder combatir esta calina que los abraza, aunque ya sabemos que el verano es lo que tiene.

A los pocos minutos de tener esa visión, suena la puerta. ¡Sí, es su hermano!, y trae con él, las cervezas que previamente había podido visualizar.

Se comienza a dar cuenta que puede ver más allá, que es capaz de ver el futuro, le invade una sensación por todo el cuerpo de deleite. Era lo que siempre había soñado, tener algún superpoder. Ahora puede hacer miles de cosas con las que antes solo había podido imaginar en sueños.

¡El verano fue una fiesta continua!, podía saber todo lo que iba a suceder y era el héroe entre sus amigos del barrio. Todos querían ser su colega. Trataban de que les diese información, de como les iba a resultar tal o cual relación, con las chicas que acaban de conocer, y preguntas del estilo. Ángel, se sentía grande, importante, y además, querido por sus amigos y amigas, que era lo que más le interesaba por aquel entonces.

Pero ese verano comenzó a llegar a su fin, fue a finales de agosto cuando se percató de que no veía con tanta claridad el futuro como antes. Fue muy rápido, tal como comenzó el verano, comenzaron sus poderes, y conforme se acabó el verano, sus poderes se fueron difuminando como las estelas de las lanchas en el agua del mar.

Pasados ya varios veranos, lo recuerda y añora. Ese fue el verano de su vida, nunca podrá volver a tener un verano mejor que aquel, en el que cumplió sus 18 años y sus sueños más imposibles.

Carlos Nieto

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