Intenso dolor.

Es sabido por mis allegados que siempre he sido algo malvado, perverso, que el mal anida en el interior de mi ser según la opinión de algunos. Aunque a mí no me lo parece. El tener impulsos de vez en cuando un tanto extraños, para los demás, no me hace un ser maligno, ni tampoco diabólico. Desde bien chico era un alma libre, me atraían los cacharros, ver como funcionaban, desmontarlos y verlos por dentro; eso fue lo que hice con mi primer radiocasete, lo desmonte por dentro por completo. Continúe con esa afición durante largo tiempo.

El problema fue cuando hice lo mismo con Max, el perro de nuestro vecino. Los gritos de mi madre se pudieron oír a kilómetros de distancia, la realidad le acababa de estallar en la mismísima cara, a mí, me entro un susto tremendo al oír esos alaridos, creía que algo malo le estaba pasando, al verla con la cara completamente desencajada, la mirada perdida al cielo, y los gritos desgarradores que no dejaba de emitir por su descomunal garganta. Traté de limpiarme el sudor con las manos que en ese momento, estaban completamente llenas de sangre, manchándome toda la cara de ese líquido rojo, a lo que produjo mayores chillidos si se podían por parte de ella. Acto seguido me cogió de los pelos de la cabeza y me arrastro al interior de la casa, me metió de un golpe en la bañera y abrió el grifo conmigo en el interior ¡y estaba vestido!. No terminaba de entender que es lo que estaba pasando, (mi madre se ha vuelto completamente loca, no dejaba de pensar en mi cabeza) me está bañando con la ropa puesta, nunca antes había sucedido algo así.

Empecé a entender lo que estaba sucediendo, cuando ella entre los gruñidos que no dejaba de emitir, pude entender entre balbuceos inconexos, que era el hijo del demonio y cosas de ese estilo. Yo a mi corta edad de 10 años, no lo acababa de comprender muy bien, tanto escándalo por abrir y desmontar a Max.

—¡Total es lo que hacía de forma habitual con todos los aparatos, cacharros que me llamaban la atención!.

A pesar de que mi madre no me dejaba volver a intentar realizar actividad alguna como lo que hice con Max, mi interés por ello solo hizo que crecer cada día más en mi interior. Probé en alguna ocasión a escondidas con algún animal que me encontraba por la calle, como podían ser los gatos que en aquellos tiempos abundaban por la zona. Esta necesidad de ver las entrañas y saber como eran por dentro creció de tal forma que no deseaba controlar, quería ver más y más, llegando a fijar mi objetivo al fin, en los compañeros del colegio. Poderlos ver por dentro como eran y ver como les brotaba la sangre, me producía una sed insaciable y llego a convertirse en una obsesión, quería realizar lo más pronto posible un intento. El problema era siempre el mismo, mi madre, no me dejaba ni un momento sin vigilancia, siempre comentaba que era un peligro para quien se me acercara, lo que me limitó a realizar mis actos, tardé mucho tiempo en poder llevar a cabo mi plan. Hasta que no cumplí los 20 años, lo recuerdo como si fuese ayer.

Juan tuvo el honor de ser el elegido, un antiguo compañero de la facultad de medicina. (Sí, decidí terminar la carrera de medicina, podía aprender y al mismo tiempo estar cerca de la muerte). Gracias a él, mi necesidad se complació con creces, aunque duró poco tiempo y renacían nuevamente las ansias por repetir tal acción. Gracias a la perseverancia de mi madre y su constante acecho sobre mi persona, me hice un experto en eludir las vigilancias y conseguir evitar que me pillaran, fue casi lo primero que aprendí, no dejar ni rastro de mi presencia en las estancias donde realizaba mis experimentos de disección y desangrado, que ejecutaba a esos desgraciados que solía traer a mi sala de observación, así era como la llamaba. En ella fue donde aprendí el funcionamiento del cuerpo humano y las diferentes formas de poder exanguinar de manera rápida y al mismo tiempo dolorosa. Se me emociona el corazón, cuando recuerdo la sensación tan agradable con aquel niño, su rostro de dolor extremo, al mismo tiempo que le brotaba la sangre por la femoral, tras el agujero que le abrí, a la altura de la ingle. No sin antes haberle roto los dos brazos a la altura del codo, pues es la zona más dolorosa y que evita que los movimientos sean casi nulos. Aquel momento me llevo al clímax. La culminación de mis estudios sobre los humanos y las diferentes formas de poder producir dolor mientras se les evapora la vida. Ese momento en el que les puedes ver el rostro, con los ojos pidiendo clemencia, que los salves, llorando, con alguna lágrima cayendo sobre la mejilla hasta aproximarse al cuello, no entiendo como no sucede más a menudo este tipo de prácticas, con lo satisfactorias que son y la felicidad que proporcionan, personalmente a mí me dejan exhausto, plenamente satisfecho.

Todos estos actos me llevaron a ser un experto y poder evitar a las autoridades, menos el día que decidí hacer lo propio con mi hermana pequeña, bueno tenía ya 25 años, pero seguía siendo la pequeña, me llamaba en exceso la atención por su cuerpo tan blanco, pelo rojo y con tantísimas pecas. Me obsesioné en pensar si el dolor a este tipo de personas sería el mismo o aguantarían más, (tras mis incontables asesinatos, pude comprobar que había personas que tenían una tolerancia al dolor muchísimo mayor que otras) por lo que al final lo planeé todo para poder llevar a cabo mi plan y comprobar con ella mi presunción. El error debutó cuando mi madre fue advertida por mi hermana, que se iba a reunir conmigo esa tarde, a pesar de mi insistencia de que no le avisara, pues seguro que no nos dejaría reunirnos. Llevaba tiempo tratando con ella para convencerla de que nos juntáramos en mi sala de observación, advirtiéndole que era un lugar en el que podía ayudarle a mejorar en sus estudios, ya que disponía de mucho material y medios para poderle simplificar los exámenes finales, para su doctorado en farmacia. Sabía que me saqué la carrera de medicina con notas inmejorables y que era muy reconocido en la facultad. Lo que me facilitó poder atraerla a mi emboscada, a fin de cuentas era su hermano, el médico de la familia, ¿qué podía salir mal?.

Sí, mi madre se interpuso en mi acto más obsesivo, el más esperado, el que podría confirmar mis ansias de saber. No llevaría ni 30 minutos con mi hermana en mi sala de observación, cuando me percaté de algunos sonidos en el exterior. Este asunto me hizo detener mi experimento, la tenía amordazada sobre la mesa, atada de pies y manos, tan solo había comenzado a provocarle dolor, cuando me interrumpieron con esos extraños sonidos que se podían escuchar detrás de la ventana, las cuales estaban muy bien tapadas para que el observador curioso no pudiese ver absolutamente nada. Tuve que taparle el corte en el costado si quería que durase todo el experimento sin morir antes. A modo de tapón le introduje un viejo trapo de cocina que tenía a mano en el interior del corte, parecía que aguantaba bien el dolor, apenas se retorcía, La felicidad que me causo el haber confirmado mis sospechas de que seguramente este tipo de personas aguantan más el dolor, hizo que me sobreviniera un placer inenarrable. Estuve en silencio durante unos minutos y las voces y sonidos se calmaron, dejaron de escucharse, me embarqué en mi viaje por el dolor y decidí continuar con mi propósito, saqué el trapo de un tirón provocando que salieran partes del interior sobre la mesa, era el bazo y parte del intestino. Sabía que eso no era un dolor para que se pudiera retorcer, acto seguido introduje mi mano en el interior de la herida por el costado, llegando al intestino delgado los entresaque y decidí hacerle nudos para evitar la libre circulación. Esto sé que a los pocos minutos comienza a producir dolores de diversa intensidad que cada vez son mayores. Esperé durante unos minutos como la cara se le iba transformando, (la verdad es que apenas notaba el dolor, o eso parecía) aun así aguantaba bien, no parecía que le doliese como a muchos otros que les hice lo mismo. Mis ansias por saber como era posible hizo que le retirase la mordaza que le tapaba la boca. No sin antes advertirle que no gritase.

Me miró con cierto desaire, ¿no comprendía que estaba pasando? No mostraba ningún tipo de dolor y comenzó a hablar conmigo, diciéndome que esas no eran formas de realizar sus estudios, me comenzó a aconsejar que el corte debía de haber sido más central no tan en el costado, y que el intestino grueso es mucho mejor para obstruirlo que el delgado. Empezó a decirme que ella lo hubiera hecho de otra forma y hubiera comenzado por la cabeza. Acabé por soltarla del todo y poder hablar con ella.

Esto me dejo atónito. ¿Cómo era posible que estuviera discutiendo sobre como provocar dolor con ella encima de la mesa? El bazo y los intestinos retorcidos, no sé como podía estar ahí, de pie, sin mostrar dolor alguno. Se acercó a mí y me susurro si tenía algún taladro o sierra. Afirmando yo con la cabeza, y señalando con la mano donde se encontraban dichas herramientas, se dirigió a por el taladro, lo conecto con mucha calma y me dijo apuntándose en su misma cabeza con la broca, por donde debía de abrir un agujero y luego con la sierra destapar el cráneo. Debía de realizar tal maniobra hacia la zona frontal del cráneo, en una zona concreta del cerebro podría comenzar a provocar dolores jamás antes sufridos por nadie, ya que era la zona donde reside el centro del dolor, con una simple aguja, podía pasarme horas practicando, sin que falleciese el individuo de pruebas. No daba crédito a lo que estaba ocurriendo en mi sala de observación, ¡mi hermana era casi peor que yo y sabía bien lo que decía!, al final acabé yo en la mesa y ella me estaba taladrando el cráneo, no sé muy bien como me embaucó y terminé estando yo en el lugar de ella, no sentí apenas dolor mientras me retiraba la tapa del cráneo, un ligero cosquilleo, quizás por la droga que me pinchó mientras estábamos hablando. Al poco comenzó a sonreír de manera muy extraña y cogiendo una aguja de hacer punto de las que utiliza mi madre, comenzó a pincharme el celebro, hizo un comentario advirtiéndome: que esta era la zona de dolor que me comento anteriormente. De repente el dolor que procese fue el más intenso que nadie puede resistir, comenzó poco a poco conforme movía la aguja cada vez era mayor, hasta que perdí el conocimiento.

Cuando volví en sí estaba mi madre bramando, la policía había detenido a mi hermana, la tenían esposada, y una ambulancia se la estaba llevando con la policía custodiándola, mi madre se abalanzó sobre mí, dándome besos y abrazos fuertes, entre sus sollozos me decía:

— Te advertí que no estuvieras con tu hermana, que no lo intentases con ella, todo fue para protegerte a ti, es un verdadero monstruo mucho peor que tú, la estaban buscando por más de 200 asesinatos, pero no tenían pruebas hasta hoy.

A mí me llevaron en otra ambulancia al hospital, junto con mi madre que no se separó de mí.

Me dediqué a la medicina y mis siguientes asesinatos fueron mucho más discretos y con muchísimo más cuidado, no quería acabar como mi hermana en un centro encerrada y todo el día drogada sin saber ni como se llama.

Carlos Nieto.

Una respuesta a “Intenso dolor.”

  1. annipo40 dice:

    Muy terrorífico, pero me encanta éstas historias de suspense y miedo, que no te dejan dejar de leer hasta el final.
    Enhorabuena y a por el siguiente.

    Le gusta a 3 personas

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