La hora

LA HORA.

Esa fría mañana de enero me dejo los huesos helados, quizás por la falta de ropa que llevaba puesta o por el frío intenso que despuntaba esa madrugada.

Recuerdo amaneceres más cálidos y agradables, pero me tocó este para despedirme de todos mis seres queridos y alguno menos apreciado. No pude elegir el día, me hubiera gustado una mañana de primavera cálida con los rayos de sol calentando el aire y haciendo más agradable permanecer en el exterior, además las flores saliendo de su letargo, para ver el sol que les calienta, y les brinda una nueva etapa para que ofrezcan su mayor esplendor. Pero, no, me golpeó un día frío de invierno.

La muerte tiene esas cosas, no sabes cuando vendrá, ahora bien una vez llega, sabes que ya no hay vuelta atrás, te mira de frente y entiendes que es la hora, poco te queda para estar en este mundo. Y ¡Si! Me toca ya a mí, me despediré de los que tengo alrededor, que más bien son ninguno, ya sabían que más pronto que tarde vendría por mí. Les dio igual, me dejaron solo, para que me enfrentase yo solo, a la muerte, sin compañía, como un perro abandonado.

Antes de que la muerte me agarrara de la mano le pregunte si podría vengarme de todos estos cabrones que no tuvieron ni una pizca de sentimientos y me dejaron aquí, sin nadie a mi lado. La pude ver sonreír y me dijo con una voz muy pausada y tranquila.

— No te preocupes tú te vienes conmigo ahora por este camino fácil de realizar, no sentirás ningún dolor ni sufrimiento. Los que se quedan les espera algo terrible. Cuando vengan a ver si ya abandonaste este mundo, y se reúnan todos a comer y beber, sin ningún sentimiento por lo sucedido. ¡Oh si! En ese momento el edificio se derrumbará aplastando a todos debajo de los escombros, y lo peor no es eso, ¡No! Sobrevivirán varios días hasta que fallezcan de sed, por estar atrapados sin poder moverse. No los rescatarán a tiempo.

— ¿Te parece buena venganza?

— Sí, que satisfacción más grande poder matar a mucha más gente, de una manera tan cruel haciéndoles sufrir durante tanto tiempo, incluso después de muerto, espero que lo podamos repetir en más ocasiones.

— Bueno a donde vamos podrás repetir todas las veces que quieras todas las muertes, pues es lo único que podrás ver y hacer. La única pega es que serás tú el que mueras, de las diversas formas atroces y salvajes que mataste a todos, iras pasando de una forma de morir a otra, en un círculo interminable e infinito. Es un precio pequeño por los cientos de vidas que despojaste tú, antes de que les llegase su hora.

No lo podía creer, quería huir de allí, escaparme, no podría soportar tanto calvario, me quería hacer pasar a mí, lo mismo que hice yo a los demás. Trate de soltarme de la mano de la muerte, ella me sujeto con mucha más fuerza de la mano, mirándome con esa leve sonrisa en su rostro me dijo.

— Venga anímate que para esta muerte que has tenido, no has sufrido nada. Nada comparado con lo que te espera. ¡Vamos es la hora de que mueras interminablemente!

Carlos Nieto

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