¡Napoleón!

¡Napoleón!

Muy altivo sintiéndose superior a todo y a todos, ¡Miraba a su alrededor!

De repente, su mirada se desvía hacia su lado derecho, frunce el ceño y Napoleón con toda su sabiduría se desplaza lentamente con aires de superioridad, una vez tiene enfrente a su amenaza la mira fijamente, no desvía ni un segundo la posición ni el gesto amenazante hacia él, ¡Él sabe que es superior a ese ser que tiene justo enfrente!, le extraña su enorme parecido con él.

— Solo yo, puedo ser Napoleón, ¿cómo es posible?

Piensa, al mismo tiempo que su gesto evoca cierta agresividad.

— Seguro que viene a quitarme mi trono, mi reinado que bien me lo he ganado.

Se retira y da media vuelta tratando de sorprenderlo, sin conseguirlo.

—¿Cómo es posible que esté aquí a mi lado?, ¿Quién le ha dejado entrar en mis aposentos?

Se aproxima más y más, haciendo lo mismo su amenazante enemigo, que tiene justo frente a sí. Con una actitud cada vez más desafiante, están ya, frente a frente, pero no dan ni un paso atrás ninguno de los dos, ¡Mantiene el gesto Napoleón tan desafiante como su enemigo improvisado!

¡Tras dar un salto a un lateral, tratando de sorprender a su amenazador enemigo!, Napoleón, se percata que realiza el mismo movimiento que él, ¡Justo al mismo tiempo!, le desconcierta y hace que ambos den un paso atrás, preguntándose

— ¿Qué ser superior puede ser, que adivina lo que yo voy a realizar?

El pelo se le eriza, comprende que seguramente, ¡Se esté riendo de él!

— Nadie me va a arrebatar mis territorios, son míos y ninguno osa entrar en mis dominios.

Levanta la mano desafiante para asestarle un golpe, mientras que comprueba que realiza el mismo y desconcertante movimiento su adversario.

— Esta batalla la tengo ganada seguro, piensa con una posición de soberbia.

¡Se abalanza contra él chocando sus manos unas contra las otras! Ambos entablan una pelea a golpes.

— ¿Napoleón donde estás? ¡Ven aquí!

Se puede escuchar como de repente llaman a Napoleón desde el salón, al mismo tiempo que se puede oír un sonido que parece ser una pequeña caja de cartón con objetos que golpean en su interior, lo que hace que sé de la vuelta rápidamente, y se dirija hacia el sonido, dejando de lado a su atroz enemigo al que ha estado golpeando de manera incesante.

Un niño se inclina sobre él, ofreciéndole su comida en su recipiente, mientras lo acaricia pasándole la mano sobre su peluda espalda, le dice:

— Napoleón, ¿qué haces otra vez con el espejo? ¡Ya estás enfadado contigo otra vez!

— ¡No tienes remedio!

Carlos Nieto

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