La niña de la foto

En este relato podéis comprobar que la obsesión y el perseguir lo inalcanzable, a veces no es lo más saludable para el cuerpo.

Carlos Nieto

El colegio era hermoso, grande, con unos ventanales que daban al patio donde se podían ver los árboles y el jardín, de vez en cuando un pajarito se posaba sobre el alféizar de la ventana donde se suelen lucir pavoneándose delante de los alumnos que allí se encontraban. El día era soleado pues el verano se aproximaba a paso ligero. Algunas ventanas estaban medio abiertas para que circulara el aire por el interior del aula, de esta manera podían redimirse del calor; que a ciertas horas comenzaba a ser muy exasperante.

Ángel, que estaba justo al lado de una ventana, se solía distraer muy fácilmente con el devenir de los pájaros, las hojas de los árboles moviéndose, cualquier movimiento extraño en el jardín provocaba su mirada y abstracción de lo que en el aula ocurría. Motivo que le causó bastantes castigos por su falta de atención. En varias ocasiones trataron de cambiarlo de sitio, él, cada vez que podía volvía a su ventana, le encantaba poder mirar por ella; le transportaba a otro lugar, no le gustaba mucho la escuela, allí junto a la ventana era el niño más feliz del mundo; podía ver el mundo pasar por delante de sus ojos.

Aquel día sus ojos se iluminaron como dos soles al ver por la ventana un reflejo en el jardín, — ¿qué podía ser aquello? Se preguntaba incesantemente. La clase terminó. Ángel no hubo prestado atención a nada en absoluto, solo quería saber que era aquello que reflejaba en el jardín, no debía de ser muy grande, más bien pequeño, pero lo había visto él, solo quería llegar el primero y que nadie se lo arrebatase, ya que lo vio él, antes que nadie.

Una vez en el jardín se apresuró a acercarse al objeto que lo tenía intrigado todo el día, una vez a su lado pudo ver que era como un papel doblado. Se agachó sin pensárselo y lo cogió con las dos manos, tratando de ocultarlo de las miradas indiscretas que pudieran reclamárselo. Lo desdobló y sus ojos se volvieron a abrir como dos platos. Lo que veía era al ser más bello que nunca antes había visto, era una foto de una jovencita muy hermosa. La niña de la foto tenía una mirada penetrante, parecía que te observaba y te siguiera con la mirada. Ángel solo quería saber quien podía ser. El vestido era muy común en aquel lugar, llevaba una falda plisada de color gris claro, como la mayoría de alumnas de su escuela y una blusa azul celeste que le hacía ser, el ser más bonito que nunca había visto. Además, se observaba que estaba haciendo un gesto con su mano derecha frente a ella con la mano levantada y mostrando dos dedos a modo del símbolo de la paz, algo que le pareció si podía más hermoso aun.

La guardó en su bolsillo y se marchó en dirección a su casa. Por el camino le fue preguntado a los diferentes comercios de la zona si conocían a la chica de la foto, tratando de averiguar quien podía ser, sin ningún resultado positivo. Se fue desesperando y obsesionando en saber quien era, la quería conocer, era como si le hubiera hipnotizado. Comenzó a preguntar a los vecinos que veía por la calle, y todos le respondían lo mismo, — No chaval, no la conozco, nunca la he visto.

Una vez en casa dejó la bolsa de la escuela en el salón y salió a toda prisa a preguntar a los que se encontrara por la calle, tratando de averiguar si alguien quizás la conociese o le pudiera dar alguna referencia. Pasó toda la tarde de un lugar a otro sin ningún resultado y al final decidió volver a casa.

Llegó cansado y cenó con cierta rapidez, subió a su habitación, estaba realmente agotado, ya que estuvo toda la tarde deambulando de un lado a otro y se le pasó el tiempo sin darse cuenta. Dejó la foto en la mesita que tenía para realizar sus deberes y estudiar, (realmente pocas veces la utiliza para esos menesteres, más bien para jugar y llenarla de trastos que le distraigan).

Se dejó caer encima de la cama y escuchó unas sonrisas de una niña, se levantó de un salto tratando de averiguar de donde procedía esas sonrisas que podía escuchar. Dejó de escucharlas, dirigió la mirada a la ventana de su cuarto donde él, pasaba horas mirando a través de ella, sabía que las sonrisas procedían del exterior de la habitación, miró por todos los lados y no vio a nadie. Decidió volverse a la cama, sin dejar de dar vueltas en su cabeza por esa hermosa chica que había en la foto, le tenía completamente intrigado. Deseaba saber quien era, su corazón se aceleraba solo de pensar en ella.

Tras unas pocas horas se despertó de un sobresalto, se sentó en la cama, estaba volviendo a escuchar las sonrisas de la niña. Estaba seguro de que era la niña de la foto, se dirigió a la ventana tratando de verla por el jardín, sin ningún éxito, pero esta vez estaba seguro, las sonrisas venían del jardín. Se calzó unas zapatillas y bajó las escaleras sin hacer ruido, no quería despertar a sus padres. Las sonrisas seguían afuera en la calle. Abrió la puerta con cuidado y salió, buscó por todo el jardín sin encontrar a nadie. La noche era clara y la luna iluminaba todo con un tono ceniza, parecía que todo estuviera en blanco y negro.

De repente, una sonrisa más fuerte se pudo escuchar al otro lado de la carretera, levantó la mirada en dirección al lugar, ¡Allí estaba!, un vuelco le dio el corazón, la había encontrado. Pudo ver a una niña correr por enfrente de la casa del vecino, estaba seguro de que era ella, la chica de la foto que estaba buscando.

Se lanzó a correr en dirección a ella, cruzando la calle. Justo en ese preciso momento pasa un coche a gran velocidad, llevándoselo por delante a Ángel, saltó por encima del vehículo, dando unas vueltas de campana y cayendo brutalmente contra el asfalto de la calle, un charco de sangre se fue formando a su alrededor, cada vez era más grande. El conductor que estaba borracho salió del vehículo y se dirigió hacia donde se encontraba Ángel, se agachó tratando de averiguar si continuaba vivo. Pudo confirmar que había fallecido. Le llamó la atención lo que llevaba en la mano el chaval, cogió la foto que apretaba entre sus dedos.

Se acercó a las luces del vehículo para ver que era lo que podía ser, vio que se trataba de una foto en la que se podía ver a una hermosa joven, que mostraba su mano por delante de ella.

Con la mano en alto mostraba tres dedos.

Carlos Nieto.