Un sello para una carta

La vuelta a casa se hizo larga y muy triste. Haber ido a ver a mi madre al hospital, cuando hacía más de diez años que no la veía y al final no llegar a tiempo, me dejo muy tocada. No recuerdo muy bien cuáles fueron los motivos del enfado. Seguro que tenía razón mi madre.

Por aquel entonces era una persona muy diferente y le acarree muchos problemas, además de mi comportamiento para con ella. Las fiestas de fin de semana recuerdo que las alargaba hasta más allá del miércoles, mi constante consumo de alcohol y algunas pastillas, formaron mi carácter irascible. Sé que le cause graves problemas. Eso yo entonces no lo veía, me daba igual. Seguro que mi cabeza no me dejaba ver con claridad y al final tras una discusión épica con mi madre, me marche convencida de que me odiaba y repudiaba.

Los lloros por su recuerdo eran incesantes. Tuve que haber ido antes y dejar el enfado aparcado, no llamarla ni visitarla todos estos años, además, sola en el pueblo, no fue mi mejor idea. Seguro que me repudio.

Una vez en casa me dirijo al buzón, esperando ver lo de siempre facturas y recibos. Entre las cartas de bancos y publicidad, había una con sello y escrita a mano. Me sorprendió que hoy en día alguien escribiera cartas postales, además, con su respectivo sello. No había remitente, me causo una enorme intriga saber quien me ha podido escribir, no pude esperar a entrar en casa y la abrí allí mismo, frente al buzón.

Hola Ángela, soy tu madre quiero que sepas que te perdoné a los 5 minutos de marcharte de casa. Espero que tú me perdones también por no haberte comprendido.

Siempre te he querido y te querré.

Tu madre.

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