El brillo de los ojos

La mañana era muy fría, gélida. Tenía que salir a realizar unas compras. Me puse unos pantalones de chándal, una sudadera y unos zapatos de running para salir a hacer unas compras porque hacía mucho frío y nevaba.

Lo inesperado sucedió nada más coger el automóvil en dirección a la tienda de suministros. Al llegar, me di cuenta de que había olvidado mi cartera en casa. No podía permitirme el lujo de volver a casa, así que tuve que hacer todas las compras a crédito.

El dependiente me miró mal, pues esperaba cobrar en metálico, refunfuñando acepto la tarjeta de crédito, no sin antes decirme que esperaba que tuviera saldo. Pude comprar todo lo que necesitaba y volví a casa. Aunque no fue un día muy agradable, pude terminar las tareas que tenía que hacer.

Llegando a casa se me cruzó algo extraño, inesperado, con un aspecto muy raro, parecía un animal con mucho pelo, pero al mismo tiempo delgado, casi esquelético, con ojos grandes y brillantes, casi saliéndose de su cara. No me dio tiempo de pensar mucho, ya que en ese momento el «animal» se abalanzó sobre mí, derribando el vehículo. Yo salí despedido y caí inconsciente… Pasaron algunos minutos hasta que recobré el conocimiento, allí estaba tirado en la carretera lleno de nieve y con un fuerte dolor de cabeza, cuando miré a mi alrededor no vi nada, ni siquiera el vehículo, el «animal» se había esfumado. ¿Qué pudo haber pasado, que había sido de mi coche? Me levanté con gran esfuerzo y empecé a andar, pero no tenía ni idea de donde estaba. No había nada a la vista, ni una casa, ni una persona, ni un coche. Caminé durante horas, hasta que me cansé y me detuve a descansar.

Tenía hambre y sed, pero no había nada por allí. Y entonces, cuando ya estaba a punto de rendirme, vi una luz en la lejanía. Era una casa, y parecía habitada. Llegué a ella y llamé a la puerta. Nadie respondió, así que llame de nuevo, esta vez más fuerte. Finalmente, la puerta se abrió y apareció una mujer.

-¿Quién eres?-me preguntó .

-No lo sé-respondí.

-¿No sabes quién eres?

-No, no lo sé. No sé ni mi nombre ni donde estoy.

-¿Cómo es que no sabes nada?

-No lo sé, no me acuerdo de nada. Estaba en mí, vehículo y tuve un accidente con un animal, es lo único que recuerdo.

La mujer me invitó a entrar en su casa y me ofreció una taza de café. Me dijo que me quedara allí mientras ella llamaba a la policía. La policía llegó y me llevaron al hospital, donde me dijeron que había sufrido un fuerte trauma en la cabeza y que había perdido la memoria. Aún no sé qué fue lo que me ocurrió aquella noche, pero sé que fue algo extraño, algo que no puedo explicar. Conforme fui recuperando la memoria, recordé que el animal estuvo encima de mi cuerpo durante un rato, recuerdo que me daba la sensación de que me absorbía algo del cuerpo y que en ese momento sentía una gran paz, una tranquilidad inexplicable. Luego, cuando volví en mí, me di cuenta de que el animal se había ido y que yo no podía recordar nada. ¿Qué pudo ser lo que hizo ese animal? Aún no lo sé, y probablemente nunca lo sabré.

En el hospital fui poco a poco recobrando la memoria y una vez ya recuperado pude descubrir que estaba en una ciudad a más de 200 kilómetros de la mía. No podía explicarme el haber llegado tan lejos si estaba a unos pocos kilómetros de mi casa antes del accidente.

Lo único que sé, es que aquella noche sucedió algo extraño, algo que no puedo explicar. Pasados unos días y todavía con fuertes dolores en el cuerpo y la cabeza por el accidente, escuché en el exterior de la casa ruidos muy fuertes, como si alguien estuviera golpeando la puerta. Salí a la calle y observé a una mujer caminando por la calle y, en ese momento, apareció de nuevo el animal. La mujer gritaba y trataba de alejarse, pero el animal la atrapó y comenzó a devorarla. Yo no podía hacer nada, estaba en shock, no podía moverme. El animal se acercó a mí y me miró fijamente a los ojos. En ese momento sentí una gran paz, un bienestar sin ninguna razón de ser.

El animal me dijo:

-¿No te acuerdas de mí?

-No, no lo sé. No sé quién eres-respondí.

-Soy tu amigo, el que te ha estado ayudando.

-¿Ayudándome? ¿Cómo?

-Te he estado dando fuerzas para que puedas seguir adelante, para que no te rindas.

– ¿Pero qué estás diciendo? Yo no entiendo nada.

-No importa, ahora debes irte, debes olvidar todo esto.

Y en ese momento, el animal desapareció y yo volví a la realidad. No sabía si había soñado o si aquello había sido real, pero sabía que tenía que olvidar todo lo que había visto y ocurrido. Así que, con mucho esfuerzo, me levanté y empecé a andar, sin acabar de entender quien podía ser que me estaba ayudando. La cabeza no paraba de preguntarse una y otra vez que era lo que sucedía que me estaba ayudando, pero ¿de qué y porque? La única respuesta que podía darme era que no lo sabía y que probablemente nunca lo sabría.

Me acosté como todas las noches, pero esta vez los dolores que tenía en el cuerpo eran terribles, me costó mucho conciliar el sueño. Me desperté sobresaltado y con un fuerte dolor en el pecho, al mirar a mi alrededor, tenía doctores que trataban de reanimarme y me gritaban llamándome por mi nombre, que estaban ayudándome a no morir. Luché por no morir, pero el dolor era insoportable y en ese momento me di cuenta de que estaba muriendo. Y entonces, justo antes de que todo se apagara, lo vi de nuevo, el animal que me había estado ayudando.

-¿Por qué me has ayudado?-le pregunté.

-Porque eres bueno, porque mereces una oportunidad.

-¿Una oportunidad para qué?

-Para ser feliz. Y en ese momento, todo se apagó.

Cuando volví a despertar estaba en la cama de un hospital con mi peluche entre mis manos, ¡Si! Era el monstruo con el que soñé, con sus ojos brillantes y saltones, le tenía mucho cariño desde bien pequeño, ahora lo recuerdo todo, allí estaban mis padres tratando de animarme y que pronto estaría recuperado para volver a correr por el campo. Sufrí un atropello de un coche mientras corría tras una pelota, recuerdo el vehículo alejarse mientras yo me quedaba tirado en la carretera, con mucho frío por todo el cuerpo.

Después de aquella noche, no volví a ver al animal, pero sé que me está ayudando, que me da fuerzas para seguir adelante. Y ahora, cuando veo a mi familia y amigos, cuando abrazo a mi peluche, sé que todo lo que ha sucedido ha valido la pena, porque tengo una oportunidad para ser feliz.

Carlos Nieto

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