PISADAS DE BARRO

La madre los veía jugando en el jardín, a través de la ventana que tenía en la cocina.

Había llovido como casi siempre en ese pueblo del norte, y los niños estaban corriendo por encima del césped y el barro. La madre con cara de felicidad y gritando por la ventana avisa a los niños diciendo: ¡ES HORA DE CENAR!. Vale, dejar de jugar y entrad en casa.

Los niños seguían a lo suyo haciendo oídos sordos de los gritos de la madre a lo que tuvo que volver a gritarles, esta vez algo más fuerte. ¡A CENAR NIÑOS!. Y cuando entréis hacer el favor de limpiaros bien los zapatos en la entrada, que no quiero limpiar todo el pasillo de barro, ya estoy cansada de que siempre me hagáis lo mismo. ¡ME OÍSTEIS!

Una vez en la mesa, se encuentran sentados los cuatro, el esposo Juan, la niña Ana, el hijo Paul y la madre Linda.

La madre come con felicidad y se le notaba cierta satisfacción, mientras que Juan el esposo ya tenía el rostro como siempre de mal humor, con el ceño fruncido y haciendo ademanes hacia la mujer. La mujer sin importarle lo más mínimo comienza a hablar y se dirige a Ana.

—¡Ana cariño! Cuéntanos como lo has pasado hoy, te he visto correr por el jardín durante más de 10 minutos y no te vi ni tan siquiera un poco cansada, estás hecha una corredora, cariño.

A esto que la niña comienza a contar como lo ha pasado hoy. El padre levanta las manos y mirando a la mujer agarra el plato de la mesa con las dos manos, se levanta y se dirige al salón a cenar solo.

La niña contrariada mira a la madre y esta le sonríe y le dice: No hagas caso y cuéntame continúa, continúa.

Ya terminada la cena la madre esta nuevamente en la cocina fregando los platos, a esto que se acerca Juan por atrás para ayudarle a secar los platos, y todavía con el gesto malhumorado le dice:

— Cariño esto no puede seguir así, ya han pasado más de tres años y esta situación no puede continuar, deberías de ir a que te viera un psiquiatra.

—¡Como que a un psiquiatra!, pero que estás diciendo, yo estoy perfectamente.

—Actuar como si los niños estuvieran aquí no les va a devolver la vida, ellos están muertos y no van a regresar.

—¡Como que no!, si ya están aquí, ellos han vuelto, sino como te explicas que todas las mañanas, tenga el pasillo lleno de barro con sus pisadas.

Carlos Nieto

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Por Carlos y Luz

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