El Pasajero de Otra Época (Metro Línea 7)

Terror en el Metro CDMX: El misterio de la Línea 7 y el tren fantasma

Llevo 20 años trabajando como técnico de vías en el Metro de la Ciudad de México. Mi turno es cuando la ciudad duerme, de 1:00 a 4:00 de la mañana. He recorrido todos los túneles, pero ninguno se compara con la Línea 7 (Naranja).

Esa línea es la más profunda de todas. Bajar ahí es descender al inframundo; el aire pesa, huele a ozono quemado y a humedad rancia.

Una noche de martes, cerca de la estación Barranca del Muerto (a más de 40 metros bajo tierra), me quedé rezagado de mi equipo ajustando una lámpara. De pronto, el suelo empezó a vibrar.

Era imposible. A esa hora, la energía de las vías está cortada.

Me pegué a la pared de seguridad justo cuando vi dos luces amarillas y débiles acercándose. No era un tren de mantenimiento. Era un convoy de los años 70, de esos cuadrados y naranjas que ya casi no circulan. Pasó frente a mí en silencio total, como deslizándose sobre aceite.

Lo que vi en las ventanas me hiela la sangre hasta hoy.

Los vagones iban llenos. Hombres con trajes antiguos, mujeres con peinados de hace décadas, todos sentados inmóviles, mirando al frente con ojos vacíos bajo una luz sepia y enferma. El tren siguió hacia la vía muerta, hacia donde no hay salida.

Cuando pasó, me golpeó una ráfaga de aire helado con olor a flores podridas. Mis compañeros dijeron que fueron los gases del subsuelo, pero yo sé la verdad. En las horas muertas, circulan otros trenes con pasajeros que llevan décadas esperando llegar a una estación que ya no existe.