{"id":11149,"date":"2026-09-20T21:09:13","date_gmt":"2026-09-20T19:09:13","guid":{"rendered":"https:\/\/relatando.com\/el-poltergeist-de-la-casona-de-amityville-el-juicio-y-las-voces-de-ronald-defeo\/"},"modified":"2026-09-20T21:09:15","modified_gmt":"2026-09-20T19:09:15","slug":"el-poltergeist-de-la-casona-de-amityville-el-juicio-y-las-voces-de-ronald-defeo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/relatando.com\/en\/el-poltergeist-de-la-casona-de-amityville-el-juicio-y-las-voces-de-ronald-defeo\/","title":{"rendered":"The Poltergeist of the Amityville House: The Trial and the Voices of Ronald DeFeo"},"content":{"rendered":"<p>El fr\u00edo en Ocean Avenue 112 no era simplemente una cuesti\u00f3n de meteorolog\u00eda oto\u00f1al; pose\u00eda una consistencia densa, aceitosa, que parec\u00eda adherirse a las sienes como un vaho de hielo seco y entrar por las fosas nasales con el tufillo met\u00e1lico de una v\u00eda f\u00e9rrea abandonada. Ronald DeFeo hijo \u2014&#8217;Butch&#8217;, como le llamaban los pocos que cre\u00edan conocerlo antes de que la noche de noviembre se lo tragara entero\u2014 sent\u00eda aquel latido sordo en el fondo del cr\u00e1neo, un tictac de reloj desquiciado que compet\u00eda con el zumbido constante de la calefacci\u00f3n central, una caldera antigua que tos\u00eda holl\u00edn y gritos ahogados en los s\u00f3tanos de la memoria. Eran las tres y cuarto de la madrugada. Las manecillas del viejo despertador de esfera fosforescente se cruzaban con una precisi\u00f3n quir\u00fargica, marcando el instante exacto en que la madera de la casa empezaba a contraerse, a crujir no por obra de la f\u00edsica, sino con la cadencia deliberada de unos nudillos nudosos rascando el revoque de las paredes maestras. Las s\u00e1banas de franela estaban empapadas de un sudor fr\u00edo, rancio, el residuo f\u00edsico de una pesadilla que se negaba a disiparse al abrir los ojos. En la penumbra verdosa que filtraban las persianas mal cerradas, las sombras del dormitorio principal no se limitaban a proyectarse; respiraban. Se contra\u00edan y se dilataban con una lentitud viscosa, buscando los perfiles de los cuerpos que dorm\u00edan en las otras estancias, ajenos por completo a la tormenta invisible que se gestaba en el l\u00f3bulo frontal de Butch. Ten\u00eda el dedo \u00edndice derecho agarrotado, encajado de forma antinatural sobre el gatillo invisible de un dolor de cabeza que le taladraba las sienes con la insistencia de un berbiqu\u00ed. No hab\u00eda paz en aquella casa holandesa de tejas oscuras y ventanas rectangulares que miraban hacia el r\u00edo como cuencas vac\u00edas. Hab\u00eda una presencia, una masa de aire denso y hostil que ocupaba los pasillos en silencio, cerrando las puertas a cal y canto con la sola fuerza de su voluntad, oblig\u00e1ndole a respirar el aliento de algo antiguo, hambriento y desesperadamente fr\u00edo.<\/p>\n<h2>I. El Primer Indicio en la Oscuridad<\/h2>\n<p>El sonido no entr\u00f3 por los o\u00eddos; reson\u00f3 directamente en la base del cerebro, como un eco met\u00e1lico rebotando en el interior de una campana de bronce sumergida en aceite. <em>&#8216;Mata. Despierta a los demonios que duermen en sus camas y l\u00edmpialos. Nadie debe quedar&#8217;<\/em>. La voz no ten\u00eda g\u00e9nero ni rostro, pero pose\u00eda una textura \u00e1spera, como hojas secas trituradas bajo unas botas sucias de barro y sal. Butch se incorpor\u00f3 con un movimiento mec\u00e1nico, los m\u00fasculos del cuello r\u00edgidos como varillas de hierro oxidado, sintiendo que sus propios brazos ya no le pertenec\u00edan, que alguien m\u00e1s hab\u00eda deslizado sus manos dentro de las mangas de su pijama y manejaba sus articulaciones desde una distancia infinita. La casa estaba sumida en un silencio sepulcral, interrumpido \u00fanicamente por el ronquido lejano y sordo de su padre en la planta baja y el susurro apenas perceptible del viento golpeteando contra las contraventanas de roble. Camin\u00f3 por el pasillo alfombrado descalzo, notando c\u00f3mo el suelo de madera ced\u00eda bajo sus pies con crujidos que le parecieron disparos de pistola en medio de la madrugada. El ambiente ol\u00eda a humedad estancada y a gardenias marchitas, un hedor dulz\u00f3n y putrefacto que emanaba de las esquinas donde la luz de la luna no se atrev\u00eda a penetrar. Al pasar junto a la habitaci\u00f3n de sus hermanos menores, sinti\u00f3 una punzada en el est\u00f3mago, un vac\u00edo nauseabundo que le oblig\u00f3 a detenerse un instante, conteniendo el aliento para no vomitar. Las puertas estaban entreabiertas, dejando escapar un hilo de oscuridad m\u00e1s espesa que la del corredor. En su mente, las voces arreciaban, transform\u00e1ndose en un coro de susurros solapados que le ordenaban apresurarse, record\u00e1ndole que el tiempo se agotaba y que las almas que dorm\u00edan bajo aquellos edredones de plumas necesitaban ser liberadas por el fuego y el plomo. Sus dedos buscaron instintivamente el cerrojo del armario donde guardaba el Marlin .35 Remington, sintiendo el contacto met\u00e1lico y g\u00e9lido del acero como una descarga el\u00e9ctrica que le recorr\u00eda el antebrazo. No hab\u00eda vacilaci\u00f3n, no quedaba rastro del joven torpe y acomplejado que cenaba con su familia las tardes de domingo; s\u00f3lo quedaba la urgencia ciega, imperativa, de cumplir con un mandato que ven\u00eda de m\u00e1s all\u00e1 de las paredes, de una dimensi\u00f3n donde el tiempo no corr\u00eda, sino que se estancaba como agua podrida en un muladar.<\/p>\n<blockquote><p>El ca\u00f1\u00f3n del rifle estaba tan fr\u00edo que parec\u00eda quemar la piel, una mordedura de hielo que anunciaba el fin de todas las excusas.<\/p><\/blockquote>\n<p>La preparaci\u00f3n del arma se hizo en una penumbra tan absoluta que las manos de Butch se guiaban por pura memoria t\u00e1ctil. Cada movimiento formaba parte de un ritual antiguo, una coreograf\u00eda macabra ensayada en sue\u00f1os durante semanas. Al deslizar los cartuchos en el dep\u00f3sito tubular, el chasquido met\u00e1lico son\u00f3 en la quietud de la noche como el cerrojo de una tumba sell\u00e1ndose desde el interior. Se detuvo frente al espejo del pasillo. Su propio reflejo le devolvi\u00f3 una mueca extra\u00f1a; los ojos, habitualmente apagados y bovinos, brillaban con una intensidad febril, febrilmente dilatados, absorbiendo la escasa luz de la luna hasta convertirlos en dos pozos negros sin fondo. No se reconoci\u00f3. Tras su figura, en el cristal empa\u00f1ado por la respiraci\u00f3n, pareci\u00f3 vislumbrar durante una fracci\u00f3n de segundo la silueta difusa de una sombra con hombros desproporcionados y una cabeza inclinada hacia un lado, como si observara con curiosidad cient\u00edfica el temblor de sus dedos. Cuando gir\u00f3 la cabeza bruscamente para encarar la amenaza, el pasillo estaba completamente vac\u00edo, poblado \u00fanicamente por las motas de polvo que flotaban perezosas en la corriente de aire fr\u00edo. El coraz\u00f3n le golpeaba las costillas con la fuerza de un ariete, pero el miedo ya no era una emoci\u00f3n paralizante; se hab\u00eda convertido en un motor, en un combustible oscuro que alimentaba cada una de sus c\u00e9lulas. Dio el primer paso hacia la habitaci\u00f3n principal, donde su padre roncaba con una pesadez impropia de un hombre sano, sin saber que el mundo que conoc\u00eda estaba a punto de disolverse en un charco de p\u00f3lvora y silencio definitivo.<\/p>\n<h2>II. La Quiebra de la Raz\u00f3n y el Silencio de las 3:15 AM<\/h2>\n<p>El primer disparo no retumb\u00f3 como un trueno; fue un latigazo seco, ensordecedor en el espacio reducido de la alcoba, que arranc\u00f3 jirones de yeso del techo y llen\u00f3 el aire de un humo denso, acre y denso que picaba en la garganta y nublaba la vista. Ronald DeFeo padre ni siquiera tuvo tiempo de articular un lamento; su cuerpo se sacudi\u00f3 con un espasmo seco contra las s\u00e1banas blancas antes de quedar inm\u00f3vil, con la mirada perdida en las molduras de escayola. Butch avanz\u00f3 con paso firme, el ca\u00f1\u00f3n humeante todav\u00eda apuntando hacia el bulto inerte, mientras en su cabeza las voces aplaud\u00edan, un murmullo de aprobaci\u00f3n colectiva que siseaba elogios ininteligibles entre carcajadas ahogadas. El olor a p\u00f3lvora quemada se mezclaba con el aroma met\u00e1lico de la sangre fresca que empezaba a filtrarse por el colch\u00f3n, goteando con un ritmo mon\u00f3tono y espeso sobre la alfombra. Sin detenerse a reflexionar, gir\u00f3 sobre sus talones y recorri\u00f3 el pasillo hacia el dormitorio contiguo, donde su madre dorm\u00eda abrazada a la almohada. Los disparos se sucedieron uno tras otro, mec\u00e1nicos, fr\u00edos, impersonales, como si estuviera cortando le\u00f1a en el patio trasero en una ma\u00f1ana de invierno. Ninguno de los hermanos, repartidos en las habitaciones del piso superior, despert\u00f3 para ofrecer resistencia ni cruz\u00f3 palabra alguna; murieron en la penumbra de sus camas, atrapados en un sue\u00f1o profundo del que fueron arrancados sin transici\u00f3n. La casa entera parec\u00eda contener la respiraci\u00f3n, como si las paredes mismas absorbieran el sonido y la tragedia, trag\u00e1ndose los ecos de los disparos y transform\u00e1ndolos en una vibraci\u00f3n sorda que hac\u00eda temblar los cimientos de roble y los cristales de las ventanas. A las tres y cuarto en punto, cuando el \u00faltimo casquillo cay\u00f3 al suelo con un tintineo met\u00e1lico sobre el parqu\u00e9, el silencio volvi\u00f3 a instalarse en Ocean Avenue 112, un silencio tan pesado y denso que parec\u00eda tener peso propio, presionando los techos hacia abajo y ahogando cualquier vestigio de vida en el interior de aquellas cuatro paredes malditas.<\/p>\n<p>Horas m\u00e1s tarde, cuando la luz gris y desganada del amanecer comenz\u00f3 a filtrarse por los ventanales, Butch vagaba por la casa como un aut\u00f3mata con las manos manchadas de una negrura reseca. Ya no escuchaba las voces con la misma claridad; se hab\u00edan retirado a los rincones m\u00e1s profundos de su mente, dejando tras de s\u00ed un vac\u00edo sordo, un tinnitus persistente que le zumbaba en los o\u00eddos con la frecuencia de una emisora fuera de sinton\u00eda. Se cambi\u00f3 de ropa con gestos lentos, met\u00f3dicos, y sali\u00f3 a la calle con la camisa limpia y el rostro inexpresivo, dispuesto a interpretar el papel del hijo desconsolado que descubre lo impensable. Sin embargo, al cruzar el umbral y sentir el aire fresco de la ma\u00f1ana en la cara, comprendi\u00f3 que el verdadero terror no hab\u00eda terminado con los disparos. Las ventanas de la casa, vistas desde el exterior, parec\u00edan observarle con una malicia sutil, como p\u00e1rpados medio cerrados que guardaban un secreto terrible. Los vecinos caminaban por la acera de enfrente con sus abrigos oscuros, ajenos al fest\u00edn de sangre que acababa de celebrarse a pocos metros de sus desayunos. Y en lo m\u00e1s hondo de su conciencia, bajo el caparaz\u00f3n de la coartada que ensayaba mentalmente para la polic\u00eda, una certeza helada le dec\u00eda que las voces no se hab\u00edan marchado; simplemente se hab\u00edan mudado al s\u00f3tano, esperando pacientemente a que la pr\u00f3xima familia incauta cruzara la puerta principal para encender de nuevo la caldera y reanudar el fuego.<\/p>\n<h2>III. El Juicio de las Sombras<\/h2>\n<p>Durante el proceso judicial, la sala del tribunal de Suffolk ol\u00eda a madera encerada, a papel viejo y al sudor acumulado de decenas de mirones que abarrotaban las bancas de pino. Ronald DeFeo Jr., sentado en el banquillo de los acusados con un traje gris demasiado holgado para sus hombros ca\u00eddos, manten\u00eda la mirada fija en las manos entrelazadas sobre la mesa, observando las peque\u00f1as cicatrices y los restos de suciedad incrustados bajo las u\u00f1as que ni siquiera estropajos ni lej\u00eda hab\u00edan logrado borrar por completo. Su abogado defensor, William Weber, intent\u00f3 construir una l\u00ednea argumental basada en la locura transitoria y los delirios paranoicos, presentando informes psiqui\u00e1tricos que hablaban de voces incontrolables, de mandatos imperiosos y de una esquizofrenia severa que hab\u00eda anulado por completo el libre albedr\u00edo del acusado. Pero el fiscal del distrito rechaz\u00f3 los testimonios con fr\u00eda eficacia forense, descalific\u00e1ndolos como una estrategia desesperada de un asesino calculador que buscaba librarse de la silla el\u00e9ctrica simulando fantasmas donde s\u00f3lo hab\u00eda p\u00f3lvora y avaricia. Las transcripciones del juicio est\u00e1n llenas de silencios inc\u00f3modos, de pausas prolongadas en las que Butch levantaba la vista hacia el estrado y respond\u00eda con monos\u00edlabos a las preguntas incisivas del juez, insistiendo en que \u00e9l no hab\u00eda querido hacerlo, que alguien m\u00e1s sujetaba el rifle, que las paredes de la casa le hablaban por la noche y le obligaban a disparar para evitar que los demonios se apoderaran de su alma. Nadie en la sala le crey\u00f3; los jurados, hombres y mujeres de rostro adusto y moralidad inflexible, ve\u00edan en \u00e9l \u00fanicamente a un monstruo fr\u00edo, un parricida sin remordimientos que merec\u00eda el castigo m\u00e1s severo que la ley de Nueva York pod\u00eda infligir. Sin embargo, cuando las luces del tribunal parpadeaban debido a una deficiencia en el cableado antiguo del edificio y un viento helado se colaba por las rendijas de las puertas principales, los presentes sent\u00edan un escalofr\u00edo inexplicable que les recorr\u00eda la columna vertebral, una sensaci\u00f3n fugaz pero intensa de que, tal vez, en aquella historia hab\u00eda verdades oscuras que ning\u00fan c\u00f3digo penal estaba preparado para juzgar.<\/p>\n<p>Las semanas de deliberaci\u00f3n transcurrieron entre titulares sensacionalistas en la prensa local y corrillos de curiosos que se api\u00f1aban a las puertas del juzgado con pancartas y rosarios. Butch hablaba con su abogado en las entrevistas en el locutorio, repitiendo una y otra vez que la casa de Ocean Avenue ten\u00eda vida propia, que las habitaciones cambiaban de temperatura seg\u00fan la hora del d\u00eda y que los pasillos ol\u00edan a azufre cuando nadie los transpiraba. Weber anotaba cada palabra en su libreta de cuero negro, fascinado por la consistencia del delirio o por la escalofriante posibilidad de que existiera algo m\u00e1s all\u00e1 de la comprensi\u00f3n m\u00e9dica. Pero la justicia no entiende de atm\u00f3sferas ni de presencias invisibles; entiende de pruebas materiales, de trayectorias de balas y de confesiones firmadas bajo luz artificial. El veredicto de culpabilidad lleg\u00f3 un atardecer de diciembre, seco y contundente como un martillazo sobre el yunque. Seis cadenas perpetuas consecutivas. Seis condenas para una sola alma que ya no habitaba en su propio cuerpo, sino en el rinc\u00f3n oscuro de una celda donde las paredes, por mucho que las pintaran de blanco, segu\u00edan crujiendo con el mismo comp\u00e1s a las tres y cuarto de la madrugada.<\/p>\n<h2>IV. El Legado de Ocean Avenue<\/h2>\n<p>Los a\u00f1os pasaron y la Casona de Amityville se convirti\u00f3 en un faro para los curiosos, los cazadores de mitos y los devotos del horror urbano, pero sus verdaderos cimientos segu\u00edan hundi\u00e9ndose en el silencio de una noche que nunca termin\u00f3 de clarear. Quienes habitaron el lugar despu\u00e9s de la masacre \u2014los Lutz y los inquirientes posteriores que intentaron rascar la superficie del misterio\u2014 hablaron siempre de la misma atm\u00f3sfera opresiva, del mismo olor a humedad y gardenias marchitas, de las mismas pisadas invisibles que recorr\u00edan los pasillos de roble cuando la luna alcanzaba su cenit. Ronald DeFeo Jr. envejeci\u00f3 entre los muros de la prisi\u00f3n de Green Haven, cargando con el peso de unas muertes que su memoria alternaba entre la culpa insoportable y la certeza alucinada de haber sido solo el instrumento obediente de una voluntad superior. Jam\u00e1s revel\u00f3 del todo si el infierno habitaba en su cabeza o en la madera misma de la casa holandesa, y con su muerte en el a\u00f1o 2021, el secreto qued\u00f3 sellado bajo siete llaves en los archivos judiciales del condado de Suffolk. Quedan los expedientes amarillentos, las fotograf\u00edas policiales de las camas vac\u00edas con sus s\u00e1banas manchadas de \u00f3xido y la pregunta suspendida en el aire fr\u00edo de noviembre: \u00bfpuede una casa poseer la voluntad suficiente para robarle el alma a un hombre y obligarle a disparar en la penumbra, o es la mente humana la \u00fanica capaz de construir monstruos tan perfectos que terminan por convertirse en la \u00fanica realidad posible?<\/p>\n<p><!-- BLOQUE DE INVESTIGACI\u00d3N Y PREGUNTAS FRECUENTES E-E-A-T --><\/p>\n<div class=\"relatando-faqs-container reading-container\" style=\"margin: 55px auto 35px auto;padding: 32px 30px;border-radius: 14px\">\n<div class=\"relatando-faqs-header\" style=\"margin-bottom: 26px;padding-bottom: 16px\">\n<h3 class=\"relatando-faqs-main-title\" style=\"font-family: &apos;Cinzel&apos;, &apos;Playfair Display&apos;, Georgia, serif;font-size: clamp(1.65rem, 3.2vw, 2.2rem);color: #d4af37;margin: 0 0 8px 0;font-weight: 700;line-height: 1.25;display: flex;align-items: center;gap: 12px\">\n      <span style=\"font-size: 1.9rem\">\ud83d\udcdc<\/span><span>Investigaci\u00f3n &bull; Preguntas Frecuentes<\/span><br \/>\n    <\/h3>\n<p style=\"margin: 0;font-family: -apple-system, BlinkMacSystemFont, &apos;Segoe UI&apos;, Roboto, sans-serif;font-size: 0.92rem;color: #8fa89b;letter-spacing: 0.05em;text-transform: uppercase\">Archivo Documental y An\u00e1lisis de lo Oculto &bull; Relatando.com<\/p>\n<\/p><\/div>\n<div class=\"faq-accordion-group\" style=\"display: flex;flex-direction: column;gap: 15px\">\n<details style=\"border-radius: 9px;padding: 16px 20px\">\n<summary style=\"font-family: &apos;Cinzel&apos;, Georgia, serif;font-size: 1.12rem;color: #00ff88;font-weight: 700;cursor: pointer;line-height: 1.45\">\u00bfQu\u00e9 origen o testimonio documentado inspir\u00f3 este enigma?<\/summary>\n<div style=\"font-size: 1.02rem;color: #d0ded6;line-height: 1.8;margin-top: 14px;padding-left: 10px\">\n<p>El caso se basa en los archivos policiales, las transcripciones del juicio de Ronald DeFeo Jr. en 1975 y los testimonios forenses de la masacre de la familia DeFeo en Ocean Avenue 112, Amityville.<\/p>\n<\/div>\n<\/details>\n<details style=\"border-radius: 9px;padding: 16px 20px\">\n<summary style=\"font-family: &apos;Cinzel&apos;, Georgia, serif;font-size: 1.12rem;color: #00ff88;font-weight: 700;cursor: pointer;line-height: 1.45\">\u00bfCu\u00e1les son las se\u00f1ales o anomal\u00edas que preceden este fen\u00f3meno?<\/summary>\n<div style=\"font-size: 1.02rem;color: #d0ded6;line-height: 1.8;margin-top: 14px;padding-left: 10px\">\n<p>Los testigos y el propio acusado relataron cambios dr\u00e1sticos de temperatura, olores inexplicables a azufre y gardenias marchitas, y ruidos sordos procedentes de las paredes a las 3:15 AM.<\/p>\n<\/div>\n<\/details>\n<details style=\"border-radius: 9px;padding: 16px 20px\">\n<summary style=\"font-family: &apos;Cinzel&apos;, Georgia, serif;font-size: 1.12rem;color: #00ff88;font-weight: 700;cursor: pointer;line-height: 1.45\">\u00bfExiste alguna explicaci\u00f3n psicol\u00f3gica o cient\u00edfica documentada?<\/summary>\n<div style=\"font-size: 1.02rem;color: #d0ded6;line-height: 1.8;margin-top: 14px;padding-left: 10px\">\n<p>Los psiquiatras forenses apuntaron a episodios de esquizofrenia paranoide y delirios inducidos por el aislamiento y el consumo de sustancias, aunque los elementos atmosf\u00e9ricos del caso superan la l\u00f3gica cl\u00ednica tradicional.<\/p>\n<\/div>\n<\/details>\n<details style=\"border-radius: 9px;padding: 16px 20px\">\n<summary style=\"font-family: &apos;Cinzel&apos;, Georgia, serif;font-size: 1.12rem;color: #00ff88;font-weight: 700;cursor: pointer;line-height: 1.45\">\u00bfC\u00f3mo reacciona el folklore y la tradici\u00f3n ante este caso?<\/summary>\n<div style=\"font-size: 1.02rem;color: #d0ded6;line-height: 1.8;margin-top: 14px;padding-left: 10px\">\n<p>Amityville se ha convertido en el arquetipo moderno de la casa maldita en el folclore occidental, inspirando una vasta mitolog\u00eda sobre entidades posesorias y la porosidad entre la psique criminal y el terror sobrenatural.<\/p>\n<\/div>\n<\/details><\/div>\n<\/div>\n<script type=\"application\/ld+json\">\n{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@type\":\"FAQPage\",\"mainEntity\":[{\"@type\":\"Question\",\"name\":\"\u00bfQu\u00e9 origen o testimonio documentado inspir\u00f3 este enigma?\",\"acceptedAnswer\":{\"@type\":\"Answer\",\"text\":\"El caso se basa en los archivos policiales, las transcripciones del juicio de Ronald DeFeo Jr. en 1975 y los testimonios forenses de la masacre de la familia DeFeo en Ocean Avenue 112, Amityville.\"}},{\"@type\":\"Question\",\"name\":\"\u00bfCu\u00e1les son las se\u00f1ales o anomal\u00edas que preceden este fen\u00f3meno?\",\"acceptedAnswer\":{\"@type\":\"Answer\",\"text\":\"Los testigos y el propio acusado relataron cambios dr\u00e1sticos de temperatura, olores inexplicables a azufre y gardenias marchitas, y ruidos sordos procedentes de las paredes a las 3:15 AM.\"}},{\"@type\":\"Question\",\"name\":\"\u00bfExiste alguna explicaci\u00f3n psicol\u00f3gica o cient\u00edfica documentada?\",\"acceptedAnswer\":{\"@type\":\"Answer\",\"text\":\"Los psiquiatras forenses apuntaron a episodios de esquizofrenia paranoide y delirios inducidos por el aislamiento y el consumo de sustancias, aunque los elementos atmosf\u00e9ricos del caso superan la l\u00f3gica cl\u00ednica tradicional.\"}},{\"@type\":\"Question\",\"name\":\"\u00bfC\u00f3mo reacciona el folklore y la tradici\u00f3n ante este caso?\",\"acceptedAnswer\":{\"@type\":\"Answer\",\"text\":\"Amityville se ha convertido en el arquetipo moderno de la casa maldita en el folclore occidental, inspirando una vasta mitolog\u00eda sobre entidades posesorias y la porosidad entre la psique criminal y el terror sobrenatural.\"}}]}\n<\/script>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Descend into the horror of 112 Ocean Avenue. 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