Geometría Imposible (Sta. María la Ribera)

El Edificio que Cambia de Forma: Horror en Santa María la Ribera

Soy Alberto, arquitecto restaurador. He trabajado en casonas del Porfiriato y creía haberlo visto todo, hasta que acepté un proyecto en una vecindad cerca del Kiosco Morisco.

Mi tarea era simple: conectar dos alas del edificio mediante un pasillo de servicio. Un pasillo que medía, exactamente, 12 metros. Los vecinos viejos me decían: «El pasillo se estira de noche, arquitecto». Yo me reía. Los edificios no cambian de forma. Qué equivocado estaba.

Una noche me quedé tarde. Eran las 11:00 PM. Entré al pasillo con mi lámpara y mi libreta. Caminé y caminé. Después de dos minutos avanzando en línea recta, me di cuenta de la imposibilidad física: el pasillo no terminaba.

Empezó a oler a yeso fresco y polvo antiguo. Me giré para huir, pero la puerta ya no estaba. Las paredes, antes de ladrillo, ahora parecían cubiertas de una piel grisácea que vibraba. Al fondo, vi a un hombre vestido de obrero de los años 20, golpeando la pared con un mazo que no hacía ruido.

Cuando volteó, vi que su rostro era una superficie plana de carne pálida. Sin ojos, sin boca.

Corrí a ciegas, sintiendo cómo las paredes se estrechaban, intentando digerirme. Por milagro, atravesé un muro falso de tablaroca y caí al patio central. Semanas después, al demoler esa sección, encontraron un hueco sellado. Adentro estaba mi lámpara, pero oxidada y deshecha, como si hubiera pasado ahí 50 años, no una noche.

Si vives en un edificio viejo y sientes que el pasillo se hace más largo de lo normal, da la vuelta. A veces, las casas construyen sus propias trampas.