La Fiesta que Nunca Termina: El horror de la Noche Eterna en San Juan
Hay lugares en la Ciudad de México donde las tradiciones se respetan más que las leyes físicas. Soy Raúl, profesor de música, y aprendí esto a la mala en una vecindad del Barrio de San Juan.
Todo gira en torno a la «Fiesta de la Noche Eterna». Cada 12 de noviembre, la vecindad celebra un fandango que dura hasta el amanecer. El casero me dio una única advertencia: «Profesor, no intente salir antes de que salga el sol. Si sale antes de tiempo, la noche se lo quedará».
Al principio, la fiesta era hipnótica. Mole, mezcal y sones antiguos. Pero a las 3:33 AM, el tiempo se detuvo. Mis dos compañeros de piso, escépticos, decidieron irse a dormir a un hotel. Se burlaron de las advertencias y cruzaron el portón hacia la calle.
Pero al abrirlo, no había calle. Solo un vacío absoluto, una oscuridad sólida que se los tragó entre gritos.
El casero me impidió seguirlos. «Siga bailando si quiere conservar su alma». Y entonces vi la verdad: bajo la luz parpadeante, los vecinos ya no eran humanos. Eran cáscaras vacías, con piel acartonada, bailando con movimientos de madera. Esa fiesta no es una celebración; es un ritual de alimentación para que la oscuridad no devore a los que ya están atrapados ahí.
