# La Niña del Pozo de Almería: El Caso de la Guardia Civil de 1989

> **Sitio:** Relatando.com (https://relatando.com)
> **URL:** https://relatando.com/la-nina-del-pozo-de-almeria-el-caso-de-la-guardia-civil-de-1989/
> **Publicado:** 2026-10-20T18:01:05+02:00
> **Categorías:** Casos y Testimonios Reales

## Resumen Ejecutado

Descubre la inquietante investigación de la Guardia Civil en 1989 sobre la desaparición de Estrella en Níjar. Un oscuro misterio lleno de terror.

## Relato / Contenido Completo

El sargento Meléndez tenía los dedos tan resecos por el viento de Levante que la culata de la pistola se le anclaba a la piel como si fuera parte del hueso. Llevaban tres días bajo el sol implacable de Níjar, peinando las ramblas polvorientas donde el tomillo silvestre ya olía a ceniza y descomposición. No era solo el cansancio; era el sabor metálico que se les había metido en la boca desde la primera noche, un residuo de polvo calizo y saliva espesa que ninguna cantimplora conseguía arrancar. La pequeña Estrella se había esfumado del patio de su casa como si el calor de la siesta la hubiera evaporado, dejando atrás únicamente una muñeca de trapo con los ojos cosidos a base de hilo negro y un zapato embarrado junto al abrevadero. Nadie oyó un coche. Nadie vio una sombra.I. El Sabor del CalEl cortijo de los Aljibes se alzaba como una cicatriz blanca contra el lomo marrón del monte. Las paredes de mampostería rezumaban una humedad fósil que desafiaba la sequedad del entorno. El guardia civil novato, un muchacho de Baeza llamado Fuentes al que las botas del uno noventa le hacían llagas vivas en los talones, alumbraba con una linterna de dinamo los rincones donde las gallinas habían dejado un rastro de plumas secas y excrementos blanquecinos. Cada vez que apretaba el mango de la linterna, el zumbido mecánico competía con el grillo constante de los secarrales.—Mi sargento —murmuró Fuentes, y la voz se le quebró en un eco seco—. Aquí huele a muerto viejo.Meléndez no respondió. Olfateó el aire denso, cargado de estiércol y el dulzor enfermizo de las higueras mustias. El foco de la linterna barrió el suelo hasta tropezar con el patio central, dominado por una noria de piedra gris. La estructura estaba cubierta por tres planchas de hormigón basto, rematadas en el centro por un tapón de cemento fresco que aún guardaba la huella torpe de una llana. No hacía falta ser perito criminalista para notar la discordancia: el resto del patio estaba cuarteado por el sol de décadas, mientras que aquel rectángulo gris parecía una herida reciente, cosida con prisa y mala gana.Si gritas muy fuerte, la tierra te traga la voz para que nadie la guardeEl silencio del campo andaluz por la noche no es un vacío apacible; es una masa pesada que oprime el pecho. A las tres de la madrugada, cuando el termómetro del todoterreno marcó dieciocho grados pero el frío parecía traspasar la gabardina de paño, el sonido comenzó. No fue un llanto humano al principio, sino un roce metálico, como si una uña larga y sucia arañara la cara interna de una tubería de hierro enterrada a diez metros de profundidad. Después vino el soplo. Un hilillo de aire húmedo, fétido, que subía directamente desde las entrañas del pozo y erizaba el vello de los brazos con una repulsión instintiva.II. Las Losas del SilencioCon la ayuda de una piqueta y una barra de uña, los dos hombres comenzaron a golpear el perímetro del cemento. Cada impacto resonaba en la hondonada como un disparo sordo. El polvo blanco les cegaba los ojos, metiéndose en las pestañas y mezclándose con el sudor. Fuentes jadeaba, con la boca abierta, tragándose el polvo mientras golpeaba con una furia ciega, espantado no por el esfuerzo, sino por el sonido que volvía a filtrarse desde abajo.Era una voz infantil, delgada como un hilo de cometa rota, que repetía una retahíla sin sentido, una cantinela de escuela infantil cantada al revés. *«Mamá tiene los ojos de cristal, papá no me deja salir a jugar...»*—Basta —ordenó Meléndez, aunque él mismo sentía que las rodillas le temblaban dentro del pantalón reglamentario.El sargento apoyó la oreja contra el cemento frío. El olor que emanaba por la junta recién abierta ya no era tierra mojada; era el hedor insoportable a aceite rancio, pelo quemado y carne encerrada sin aire. Al hacer palanca con la barra, la losa central cedió con un crujido seco, liberando una bocanada de atmósfera estancada que apagó de golpe la llama del mechero de gas que Fuentes sostenía en la mano.III. El Fondo de la NoriaLa oscuridad del pozo no era la ausencia de luz; era una sustancia densa, una negrura que devoraba el haz potente de la linterna de la Benemérita. Meléndez se inclinó sobre el brocal, aferrándose al borde de piedra áspera que le cortaba las palmas de las manos. Al enfocar hacia el fondo seco, a unos doce metros de profundidad, la luz chocó contra un bulto informe de telas rosadas. Pero lo verdaderamente terrible no era el cuerpo diminuto y desarticulado que yacía sobre los aperos oxidados de labranza; era el movimiento.Las sombras alrededor del cuerpecito se contraían y estiraban. Y entonces, desde el fondo mismo de la tiniebla, dos manitas con las uñas completamente arrancadas se aferraron a las paredes de ladrillo visto del brocal, empezando a trepar hacia arriba con una velocidad imposible, a gatas, con los huesos de las piernas rotos formando ángulos grotescos.Fuentes soltó un alarido agudo, arrojando la linterna al vacío. La luz giró en su caída, iluminando fugazmente un rostro infantil hinchado por el agua y el tiempo, con los ojos blancos y abiertos de par en par, exhalando un susurro helado que se metió directamente en el cerebro del sargento: *«Ya tengo tus botas, guardia... ahora bájate tú»*.Al amanecer, la patrulla de refuerzo encontró el todoterreno con las puertas abiertas y el motor frío. El sargento Meléndez deambulaba por la carretera comarcal en dirección a Almería, descalzo, con las manos destrozadas y la boca llena de tierra seca, incapaz de articular palabra, mientras en el fondo del pozo las losas de hormigón volvían a estar perfectamente selladas desde dentro.

      📜Investigación • Preguntas Frecuentes

    Archivo Documental y Análisis de lo Oculto • Relatando.com

      ¿Qué elementos del folclore y la geografía andaluza utiliza Carlos Nieto para configurar la atmósfera opresiva del relato en el cortijo de Níjar?
      Carlos Nieto emplea con maestría la geografía áspera de las ramblas de Níjar y el viento de Levante como catalizadores de la tensión psicológica. La sequedad del paisaje, el olor a tomillo silvestre mezclado con descomposición y la soledad del cortijo de los Aljibes evocan la dualidad del mito rural andaluz: una belleza bellamente árida que oculta tragedias humanas inconfesables bajo el peso del silencio campesino.

      ¿Cómo se refleja la realidad de la Guardia Civil rural de finales de los años ochenta en la caracterización del sargento Meléndez y el novato Fuentes?
      A través de detalles sensoriales muy precisos —como las llagas en los talones del guardia Fuentes o la pistola adherida a la piel reseca de Meléndez—, el texto humaniza a las fuerzas del orden frente a lo insondable. Representan el choque entre la burocracia del Estado y el peso atávico de los misterios locales, mostrando a unos agentes vulnerables ante la crudeza del terreno y el horror de la investigación.

      ¿Qué simbolismo literario encierra la muñeca de trapo con ojos de hilo negro y el zapato embarrado dejados por la pequeña Estrella?
      La muñeca con ojos cosidos de hilo negro funciona como un amparo siniestro y un umbral liminal entre la inocencia infantil y la tragedia inminente. Al ser lo único que queda de la niña junto al abrevadero, estos objetos actúan como vestigios fantasmales que materializan la desaparición repentina, transformando la cotidianidad del patio rural en el escenario de una ausencia perpetua.

      ¿De qué manera construye el autor el suspense claustrofóbico en torno al hallazgo de la noria de piedra y el cemento fresco?
      El suspense se gesta mediante el contraste entre la naturaleza agrietada por el tiempo del patio y la discordancia ominosa del cemento fresco que sella la noria. La descripción de los sonidos nocturnos —el roce metálico y el soplo fétido que asciende desde las profundidades— apela a los terrores más primarios, convirtiendo el pozo no solo en una tumba oculta, sino en un organismo vivo que respira bajo la tierra.

---
Para más testimonios y audios oficiales, visita: https://relatando.com/la-nina-del-pozo-de-almeria-el-caso-de-la-guardia-civil-de-1989/
