Ritmo Rojo en la Sinfonía Nocturna

Ritmo Rojo en la Sinfonía Nocturna

La música fluía, apacible y melodiosa, como un susurro en la noche. Era una sinfonía que acariciaba el alma y se entrelazaba con el latir de nuestros corazones. Pero en la sinfonía nocturna, un ritmo rojo comenzó a sonar, marcando el inicio de una tragedia inesperada…

Pero en ese preciso instante, cuando el mundo parecía sumido en la dulce melodía, algo inusual y macabro interrumpió nuestra armonía.

De pronto, unas gotas de rojo intenso, como pinceladas de pasión en un lienzo en blanco, salpicaron el suelo. Fue un cambio abrupto y siniestro, como si un artista maldito hubiera dejado caer su paleta en un acto de desesperación. Mi corazón, que latía al ritmo de la música, dio un vuelco. La escena que se desarrollaba ante mis ojos ya no era apacible, sino inquietante y lúgubre.

El rojo brillante en su pecho, que debía haber estado en consonancia con el compás de la melodía, ahora fluía como un río de tragedia. La visión de esa escena, tan alejada de la paz y la armonía que la música evocaba, se convirtió en una distracción perturbadora.

Un cuchillo, una herramienta que debería haber sido un instrumento de creación o cocción, estaba clavado en su cuerpo. Mi mente luchaba por comprender lo que veía, y la melodía que había sido mi refugio se convirtió en un susurro disonante.

Mis manos temblaban mientras intentaba dar sentido a la pesadilla que se desplegaba frente a mí. El mundo, que antes parecía equilibrado, se volvió un poco más ladeado en ese momento. La música continuaba sonando, pero su dulzura se había convertido en un contrapunto aterrador.

No había melodía que pudiera redimir lo que mis ojos habían presenciado. El escenario se había transformado en una sinfonía de horror, donde el rojo de la tragedia se mezclaba con el sonido de la canción. El cuchillo, testigo mudo de la traición, permanecía como una nota discordante en la partitura de esta pesadilla. El mundo, una vez apacible y agradable, se había desmoronado en un abismo de desconcierto y dolor.

Fin.

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