Sombras en el Edificio Chihuahua (Tlatelolco)

Tlatelolco de Noche: Lo que habita en la azotea del Edificio Chihuahua

Cualquiera que viva en la Ciudad de México sabe que Tlatelolco es un lugar cargado de historia, y gran parte de ella es dolorosa. Soy Clara, y viví dos años en el piso 12 del Edificio Chihuahua, justo debajo de las jaulas de tendido.

Todo empezó cuando mi ropa comenzó a desaparecer. Un calcetín, una toalla… cosas pequeñas. Hasta que un domingo subí a la azotea y vi algo inexplicable: en la jaula 48, cerrada con un candado oxidado desde el terremoto del 85, había ropa tendida. Ropa antigua, impecable.

El conserje, Don Manuel, un veterano del 68, me advirtió: «No suba de noche, señorita. Hay gente que cree que todavía tiene que secar su ropa para poder irse. No saben que su tiempo se acabó».

Una noche lluviosa subí por mi chamarra. Escuché el sonido metálico de pinzas: clac, clac, clac. En la jaula 48, una mujer de espaldas tendía una sábana blanca infinita que salía de una canasta a sus pies.

—Señora, es tarde —le dije.

Cuando se giró, el horror me paralizó. No tenía rostro; solo una herida oscura y profunda. Al tocar la sábana, sus manos dejaban manchas de sangre fresca. De pronto, el eco de una masacre llenó la azotea: botas militares, gritos ahogados, caos.

Corrí hacia la salida, sintiendo manos pequeñas que me agarraban los tobillos. «Ayúdanos a bajar», susurró la voz de un niño.

Huí de ese lugar al mes siguiente. Pero antes de irme, encontré una pinza de madera en el suelo de la jaula 48. Tenía una fecha grabada: 2 de octubre de 1968. En esas azoteas, hay cientos que siguen esperando que su ropa se seque para poder descansar en paz.