Cuidado con este filtro 📸 #shorts

31/10/2025 1:22 1,734 vistas

El Filtro de las Sombras: Un Relato de la Desaparición Digital

La pantalla, un espejo oscuro en la noche, me devolvió una mirada que no era la mía. O, más bien, me devolvió una versión de mí que preferiría no haber conocido. Todo comenzó con un short, un fragmento de video viral que prometía una simple diversión: un filtro de belleza, uno más entre la plétora de máscaras digitales que nos ofrece la red. “Cuidado con este filtro 📸 #shorts”, decía el título, una advertencia que, por supuesto, ignoré. Ahora, la humedad fría de la paranoia se adhiere a mi piel como una segunda epidermis.

El Aroma de la Distorsión

Recuerdo el momento exacto. La luz azulada de la pantalla iluminaba mi rostro, un lienzo pálido en la oscuridad. Apliqué el filtro. Al principio, nada. Un ligero suavizado de las líneas de expresión, un brillo artificial en los ojos. Luego, la sutil distorsión. No era un cambio visual drástico, sino algo más… insidioso. Como si la imagen de mi rostro se estuviera desvaneciendo, reemplazada por una réplica ligeramente fuera de fase, una sombra que imitaba mis movimientos con un retraso imperceptible. Un olor metálico, casi a óxido, comenzó a impregnar el aire, aunque sabía que era una ilusión, una creación de mi mente perturbada. El sonido, un zumbido agudo, se filtró en mis oídos, creciendo en intensidad hasta convertirse en un latido sordo que resonaba en mi cráneo.

La Grieta en el Espejo

La descripción del video era vacía, casi deliberadamente. Sin explicaciones, sin creador identificado. Solo la promesa implícita de un juego peligroso. Comencé a investigar, a rastrear el origen del filtro. Encontré foros oscuros, hilos de discusión borrados a medias, testimonios fragmentados de personas que habían experimentado algo similar. Hablaban de pesadillas vívidas, de la sensación de ser observados, de la pérdida gradual de su propia identidad. Algunos afirmaban haber visto, en el reflejo de sus pantallas, rostros que no eran los suyos, entidades espectrales que se alimentaban de su imagen digital. La paranoia se convirtió en terror. Cada vez que me miraba en un espejo, dudaba de lo que veía. ¿Era realmente yo? ¿O era solo una máscara, una cáscara vacía habitada por algo más?

El Miedo a la Despersonalización

Este miedo, este terror visceral que evoca el filtro, se arraiga en una de las ansiedades más profundas de la condición humana: la pérdida de la identidad. En una era dominada por la imagen y la representación, nos hemos vuelto dependientes de la validación externa, de la confirmación de nuestra existencia a través de los ojos de los demás. El filtro, en su aparente inocuidad, explota esta vulnerabilidad. Nos ofrece una versión idealizada de nosotros mismos, una imagen que nos aleja de la realidad, de la imperfección inherente a la vida. Pero al hacerlo, nos despoja de nuestra autenticidad, de aquello que nos hace únicos. El miedo no es al filtro en sí, sino a la posibilidad de perdernos en la simulación, de convertirnos en meras proyecciones digitales, en fantasmas en la máquina.

Puntos de Inquietud

  • El Origen Desconocido: La falta de información sobre el creador del filtro alimenta la sospecha y la paranoia.
  • La Distorsión Sutil: La alteración gradual de la imagen es más perturbadora que un cambio drástico, ya que se infiltra en la percepción de uno mismo de forma insidiosa.
  • Los Testimonios Fragmentados: Los relatos de otros usuarios sugieren que el filtro tiene efectos secundarios más allá de la simple alteración visual.
  • El Olor y el Sonido: La adición de estímulos sensoriales ilusorios intensifica la experiencia de terror y la hace más visceral.
  • La Pérdida de Identidad: El miedo subyacente a la despersonalización y a la pérdida de la autenticidad.

El Eco en la Oscuridad

Desinstalé la aplicación. Borré el video. Pero la imagen persiste, grabada a fuego en mi mente. A veces, cuando me miro en el espejo, creo ver un destello de esa sombra, una réplica distorsionada de mi rostro que me observa desde el otro lado. Y el olor a óxido, ese aroma metálico y nauseabundo, regresa en momentos de soledad, recordándome que la línea entre la realidad y la simulación se ha vuelto peligrosamente borrosa. Cuidado con los filtros. Cuidado con las promesas de belleza artificial. Porque a veces, lo que vemos en la pantalla no es un reflejo de nosotros mismos, sino una ventana a la oscuridad que acecha en el interior. Apaga la luz. Y escucha. ¿Oyes ese zumbido?

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