El Ascensor Maldito del Séptimo Piso

09/11/2025 0:25 1,325 vistas

El Ascensor Maldito del Séptimo Piso: Un Relato de Descenso a la Nada

La lluvia golpeaba el cristal de la ventana como dedos huesudos, cada gota un latido sordo en la noche. El olor a ozono, a metal viejo y a algo… más, algo indefiniblemente podrido, se aferraba a la garganta. Me llamaron para investigar. No la policía, no los cazafantasmas de pacotilla. Me llamaron porque soy un recolector de ecos, un arqueólogo de lo olvidado. Y el Séptimo Piso del Hotel Blackwood era un lugar donde los ecos gritaban.

La Historia Susurrada

El Hotel Blackwood, antaño un faro de opulencia en el corazón de la ciudad, ahora era una cáscara vacía, un monumento a la decadencia. Cerrado al público tras una serie de… incidentes. Incidentes que la prensa, convenientemente, atribuyó a problemas estructurales. Pero los rumores, esos sí, eran mucho más siniestros. Se hablaba de un ascensor, el que daba al Séptimo Piso, que no obedecía las leyes de la física, que transportaba a sus pasajeros a lugares que no estaban en ningún mapa. Y de aquellos que regresaban… si es que regresaban… transformados, vacíos, con la mirada perdida en un abismo que ninguno de nosotros podría comprender.

Mi contacto, un antiguo conserje llamado Silas, me advirtió. “No subas solo, señor. Y si el ascensor te lleva al Séptimo, no mires a los espejos. Nunca mires a los espejos.” Silas, un hombre consumido por el miedo, me contó historias de sombras danzantes en los pasillos, de susurros que parecían provenir de las paredes, de una presencia fría que te helaba la sangre en las venas. Me habló de la señora Eldridge, una huésped que desapareció en 1958, y de cómo su reflejo, distorsionado y espectral, a veces se veía en el ascensor.

El Descenso

Ignoré la advertencia de Silas, por supuesto. Un investigador de lo paranormal que se toma en serio sus advertencias no es un investigador de lo paranormal. El ascensor era una jaula de hierro oxidado, con espejos empañados que parecían absorber la luz. Al presionar el botón del Séptimo, un chirrido metálico resonó en el hueco, un lamento agonizante que me erizó la piel. El ascensor se movió, pero no con la suavidad esperada. Era un vaivén errático, como si estuviera luchando contra una fuerza invisible. El aire se volvió denso, opresivo, cargado de un olor a humedad y a flores marchitas.

Cuando las puertas se abrieron, no encontré un pasillo de hotel. Encontré… nada. Un vacío absoluto, una extensión oscura y sin límites. Un silencio tan profundo que me zumbaban los oídos. Y luego, las voces. Susurros indistinguibles que parecían provenir de todas partes y de ninguna. Me sentí observado, juzgado por algo que no podía ver. Retrocedí, presa del pánico, y presioné el botón de la planta baja. El ascensor se negó a moverse.

El Miedo Primordial

El miedo que evoca el Séptimo Piso del Hotel Blackwood no es el miedo a los fantasmas o a los monstruos. Es el miedo a lo desconocido, a la pérdida de control, a la disolución del yo. Es el miedo a enfrentarse a la nada, a la ausencia de significado. Es un miedo profundamente arraigado en nuestra psique, un eco de nuestros orígenes, de la oscuridad primordial de la que surgimos. El ascensor, en este contexto, se convierte en un símbolo del descenso a lo inconsciente, a las profundidades de nuestra propia mente, donde acechan nuestros miedos más oscuros.

Puntos de Inquietud

  • El Ascensor como Limbo: Un espacio intermedio entre mundos, donde las reglas de la realidad se desvanecen.
  • Los Espejos Distorsionados: Representaciones de un yo fragmentado, de una identidad perdida.
  • El Silencio Absoluto: La ausencia de sonido amplifica la sensación de aislamiento y vulnerabilidad.
  • Las Voces Susurrantes: Manifestaciones de la paranoia y la duda, que corroen la cordura.
  • La Presencia Invisible: La sensación constante de ser observado, juzgado por algo incomprensible.

El Eco Persistente

Logré escapar del Séptimo Piso, aunque no sin secuelas. El olor a podredumbre me persigue en mis sueños. A veces, cuando me miro al espejo, creo ver un destello de algo… diferente… en mis ojos. El Hotel Blackwood sigue en pie, abandonado y olvidado, un recordatorio silencioso de que hay lugares en este mundo donde la oscuridad es más profunda de lo que podemos imaginar. Y que a veces, es mejor dejar que los ecos duerman. Porque despertarlos puede tener un precio demasiado alto.

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