Escuché este SONIDO PROHIBIDO y ahora veo cosas que no existen

02/12/2025 46:58 35 vistas

El Sonido que Desgarra la Realidad

La lluvia golpeaba el cristal como dedos huesudos, cada gota un latido sordo en la noche. No era una tormenta cualquiera; era una letanía de presagios, un preludio al horror que ahora me persigue. Todo comenzó con un sonido. Un sonido que no debería existir, una disonancia en el tejido mismo de la realidad. Lo escuché en un video, una grabación digital de calidad dudosa, pero suficiente para abrir una puerta que debió permanecer cerrada.

El Origen de la Perturbación

El video, ahora borrado de la faz de la red (o eso espero), prometía lo inaudito: la captura de un sonido prohibido. Un sonido que, según la leyenda urbana que lo acompañaba, inducía visiones, desataba la locura, y atraía… algo. Al principio, pensé que era una broma elaborada, una de esas pruebas virales diseñadas para asustar a los crédulos. Pero la curiosidad, esa serpiente venenosa que anida en el alma humana, me obligó a darle al play.

El sonido era… difícil de describir. No era un ruido agudo, ni un estruendo sordo. Era una resonancia, una vibración que parecía emanar de las profundidades de la tierra, o quizás, de las profundidades del espacio. Una nota disonante que se filtraba directamente en el cerebro, eludiendo el tímpano. Al principio, solo sentí una leve náusea, un hormigueo en la nuca. Luego, las sombras comenzaron a moverse.

La Danza de las Sombras

No eran sombras proyectadas por objetos físicos. Eran sombras independientes, entidades oscuras que se retorcían y se contorsionaban en las esquinas de mi visión. Al principio, las atribuí al cansancio, al estrés. Pero se volvieron más audaces, más definidas. Empecé a ver figuras en la periferia, siluetas humanoides que se desvanecían al intentar enfocarlas. El olor a ozono, metálico y acre, llenó la habitación, incluso con las ventanas cerradas. Un frío glacial, que no provenía de la tormenta, se apoderó de mis huesos.

Las visiones se intensificaron. Fragmentos de paisajes imposibles, geometrías fracturadas, rostros sin ojos que me observaban desde la oscuridad. No eran sueños, ni alucinaciones inducidas por drogas. Eran… intrusiones. Como si mi mente se hubiera convertido en un portal, una ventana a una dimensión que la cordura humana no está preparada para contemplar.

El Miedo Primigenio: Un Análisis Psicológico

¿Por qué este sonido, esta perturbación auditiva, tiene un efecto tan devastador? Creo que se debe a que apela a nuestros miedos más primigenios. El miedo a lo desconocido, a lo que acecha en la oscuridad, a la pérdida del control. El sonido rompe con la predictibilidad del mundo, introduce el caos en nuestra percepción de la realidad. Nos recuerda que no somos los amos de nuestro destino, que hay fuerzas más allá de nuestra comprensión que pueden manipularnos y aterrorizarnos.

Además, el sonido activa áreas del cerebro asociadas con la ansiedad y el miedo. La amígdala, el centro emocional del cerebro, se dispara ante estímulos amenazantes, incluso si estos son percibidos de forma subliminal. El sonido prohibido, al ser una anomalía, una disonancia, se interpreta como una señal de peligro, desencadenando una respuesta de lucha o huida. Pero en este caso, no hay escapatoria. El peligro está dentro de nosotros, en nuestra propia mente.

Puntos de Inquietud

  • La naturaleza inefable del sonido: Su imposibilidad de ser descrito con precisión lo hace aún más aterrador.
  • La aparición de sombras independientes: La ruptura con la lógica de la percepción visual.
  • Las visiones de paisajes imposibles: La confrontación con una realidad alternativa, alienígena.
  • El olor a ozono: Un presagio de energía inestable, de una brecha en el espacio-tiempo.
  • La sensación de ser observado: La paranoia, la certeza de que algo nos acecha desde la oscuridad.

El Eco Persistente

Ahora, incluso después de haber desconectado el dispositivo, el sonido persiste. No lo escucho con los oídos, sino con la mente. Es un eco sordo, una resonancia constante que me recuerda que la puerta está abierta. Las sombras siguen danzando en las esquinas de mi visión, y el frío glacial se ha instalado en mi alma. He intentado encontrar una explicación racional, una forma de desmitificar la experiencia. Pero sé, en lo más profundo de mi ser, que he visto algo que no debería haber visto, y que ahora, esa visión me perseguirá hasta el final de mis días.

Apaga la luz. Escucha con atención. ¿Oyes algo? Quizás, solo quizás, sea el sonido que desgarra la realidad, llamando a tu puerta.

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