Fui a un pueblo costero y la gente NO SE MOVÍA (Inquietante)

10/11/2025 26:20 39 vistas

El Silencio de Arenisca: Un Relato de la Inmovilidad

La sal, siempre la sal. No el sabor en los labios, sino el polvo fino que se adhiere a la piel, a los pulmones, a los recuerdos. Recibí el archivo con una advertencia susurrada: “No lo veas solo”. Un video amateur, granulado, grabado con un teléfono móvil. Un título que prometía más de lo que, quizás, debería: Fui a un pueblo costero y la gente NO SE MOVÍA (Inquietante). Lo vi, por supuesto. Y ahora, la sal me sabe a ceniza.

La Ciudad Durmiente

El video comienza con la banalidad de un viaje. Carretera serpenteante, acantilados grises, el mar plomizo lamiendo la costa. El narrador, un joven cuya voz se quiebra con la creciente ansiedad, habla de una escapada, de buscar un lugar tranquilo para fotografiar. Llega a Arenisca, un pueblo que parece haber sido olvidado por el tiempo. Casas de piedra desgastadas, calles empedradas cubiertas de algas secas, una iglesia con la aguja apuntando al cielo como un dedo acusador. Y luego… el silencio. No la ausencia de sonido, sino una quietud antinatural.

Al principio, el narrador lo atribuye a la hora. Es temprano, quizás la gente aún duerme. Pero a medida que avanza por las calles, la sensación de irrealidad se intensifica. Ve personas. Un anciano sentado en un banco, una mujer regando flores, niños jugando en la plaza. Pero no se mueven. No parpadean. Sus rostros, inexpresivos, fijos en una máscara de calma perturbadora. Intenta hablarles. Los saluda. Nada. Son estatuas de carne y hueso, atrapadas en un instante eterno.

El Tacto de la Nada

El narrador, presa del pánico, intenta tocar a uno de los niños. Describe la piel como fría, casi cerosa. No hay respuesta. No hay reacción. Es como tocar una figura de cera, pero con la horrible certeza de que es humana. El olor, dice, es el más inquietante: un aroma dulce y rancio, como flores marchitas y salmuera. Un olor a descomposición lenta, a algo que se está apagando, no muriendo.

La Psicología del Vacío

¿Por qué nos aterra tanto la inmovilidad? Creo que se debe a que desafía nuestra comprensión fundamental del mundo. La vida es movimiento, cambio, flujo constante. La inmovilidad sugiere una ruptura en el orden natural, una violación de las leyes que rigen nuestra existencia. Nos recuerda nuestra propia mortalidad, la posibilidad de quedar atrapados, de perder el control, de convertirnos en meros objetos en un paisaje indiferente. El miedo a la parálisis, a la pérdida de agencia, es un miedo primario, arraigado en lo más profundo de nuestro ser.

Puntos de Inquietud

  • La Quietud Absoluta: La ausencia de cualquier movimiento espontáneo, incluso el parpadeo, es profundamente perturbadora.
  • La Expresión Vacía: Los rostros inexpresivos sugieren una pérdida de individualidad, una deshumanización.
  • El Tacto Frío: La temperatura corporal anormal refuerza la sensación de que algo está fundamentalmente mal.
  • El Olor Dulce y Rancio: La combinación de aromas florales y de descomposición crea una atmósfera nauseabunda y premonitoria.
  • La Falta de Respuesta: La incapacidad de interactuar con los habitantes del pueblo intensifica la sensación de aislamiento y desesperación.

El Eco del Silencio

El video termina abruptamente. La cámara cae al suelo, capturando solo fragmentos de cielo gris y piedra húmeda. El narrador, su voz ahogada por el pánico, grita algo ininteligible antes de que la señal se corte. Nunca se supo qué le sucedió. Algunos dicen que escapó, traumatizado, y nunca volvió a hablar de Arenisca. Otros susurran que se quedó allí, atrapado en el silencio, convirtiéndose en una estatua más en la ciudad durmiente.

Ahora, cada vez que veo el mar, siento el polvo de sal en mi garganta. Y cada vez que escucho el silencio, me pregunto si, en algún lugar, en un pueblo olvidado por el tiempo, la gente sigue inmóvil, esperando… o quizás, ya no esperando nada en absoluto. Apaga la luz. Escucha. ¿Puedes oír el silencio?

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