Me invitaron a un RITUAL de RÍO (No era lo que esperaba)

24/10/2025 6:31 15 vistas

El Río Nos Llamó, y Respondí con la Piel de Gallina

La invitación llegó en un sobre sin remitente, manchado con algo que juraría era barro de río. Una caligrafía temblorosa, casi ilegible, me instaba a presenciar un «ritual ancestral» a orillas de un río que, según el mensaje, «recordaba cosas que la memoria prefiere olvidar». Como un idiota, y con la curiosidad enfermiza que me define, acepté. Ahora, sentado en la penumbra, con el eco de cantos guturales aún vibrando en mis huesos, me pregunto si la ignorancia no habría sido un regalo más amable.

La Danza de las Sombras y el Olor a Humedad

El lugar era un claro oculto entre árboles retorcidos, como dedos esqueléticos apuntando al cielo plomizo. El aire, denso y húmedo, olía a tierra mojada, a hojas en descomposición y a algo más… algo metálico, casi como sangre seca. Una docena de figuras encapuchadas se movían alrededor de una hoguera que crepitaba con llamas de un color enfermizo, verdoso. No eran movimientos coreografiados, sino espasmos, convulsiones que parecían sacudirlos desde dentro. El sonido era lo peor. No eran cantos, sino lamentos, gritos ahogados que se elevaban y caían como el aleteo desesperado de un ave herida.

El Río, un Espejo de la Locura

El río mismo parecía observarnos. No era un agua tranquila y reflejante, sino una masa oscura y turbia, constantemente agitada por corrientes invisibles. En la superficie, vislumbré formas… no peces, no troncos, sino siluetas vagas, distorsionadas, que parecían moverse con una inteligencia propia. Uno de los encapuchados, el que parecía liderar la ceremonia, comenzó a hablar en una lengua que no reconocí, pero que resonó en lo más profundo de mi ser como una advertencia ancestral. Sus palabras eran como piedras frías cayendo en un pozo sin fondo.

La Ofrenda y el Despertar

La ceremonia culminó con una ofrenda. No era un animal, ni comida, sino un objeto… una muñeca de trapo, vieja y desgarrada, con los ojos cosidos y una sonrisa macabra pintada en sus labios. Al arrojarla al río, el agua pareció cobrar vida. Las corrientes se intensificaron, las siluetas se hicieron más nítidas, y un hedor nauseabundo invadió el aire. Fue entonces cuando empecé a sentirlo… una presencia, algo antiguo y maligno, que se estaba despertando en las profundidades.

El Miedo Primigenio: Un Eco de Nuestros Orígenes

Este tipo de terror, el que se arraiga en lo primario, en lo instintivo, es tan poderoso porque apela a nuestros miedos más básicos: el miedo a lo desconocido, a la oscuridad, a la pérdida de control. El río, en muchas culturas, es un símbolo de lo inconsciente, de lo que se esconde bajo la superficie de la realidad. Este ritual, con su atmósfera opresiva y sus elementos perturbadores, parece haber abierto una puerta a ese inconsciente colectivo, liberando horrores que deberían haber permanecido enterrados. Es el miedo a lo que acecha en las sombras, a lo que no podemos comprender, a lo que nos recuerda nuestra propia fragilidad.

Puntos de Inquietud

  • El barro en el sobre: Un presagio tangible de la suciedad y la corrupción que se avecinaban.
  • La caligrafía temblorosa: Sugiere la fragilidad mental de quien envió la invitación, o quizás algo más… una influencia externa.
  • El color verdoso de las llamas: Un color asociado a la descomposición, a lo sobrenatural y a la enfermedad.
  • Las siluetas en el río: La ambigüedad de estas formas alimenta la imaginación y el miedo a lo desconocido.
  • La muñeca de trapo: Un objeto infantil profanado, utilizado como un conducto para fuerzas oscuras.

El Río Recuerda, y Nosotros Olvidamos a Nuestro Riesgo

Me fui de allí antes de que la ceremonia llegara a su fin, sintiendo que mi cordura se deshilachaba con cada paso. Ahora, de vuelta en la ciudad, intento convencerme de que todo fue una pesadilla, una alucinación provocada por el cansancio y la sugestión. Pero el olor a humedad y a sangre seca persiste en mi memoria, y cada vez que cierro los ojos, veo las siluetas danzando en la oscuridad del río. El río nos llama, dicen. Pero a veces, es mejor no responder. Porque algunas puertas, una vez abiertas, nunca pueden volver a cerrarse. Y el río… el río siempre recuerda.

¿Te gustó este video?

Suscríbete para no perderte ningún relato de terror

Suscríbete al Canal