Mi compañero de piso nunca sale de su cuarto: Entré y vi ESTO
La Puerta Sellada: Un Relato de Aislamiento y lo Innombrable
La humedad se pegaba a la piel como una segunda mortaja, incluso antes de cruzar el umbral. El olor… no era el de la suciedad, ni el de la dejadez. Era algo más antiguo, más primario. Un hedor a tierra removida, a huesos olvidados, a promesas rotas susurradas en la oscuridad. Recibí el mensaje anónimo hacía días: un enlace a un video con un título que me heló la sangre, incluso antes de darle al play. “Mi compañero de piso nunca sale de su cuarto: Entré y vi ESTO”. Ahora, intentaba reconstruir la historia, no desde la frialdad de los píxeles, sino desde el eco de la desesperación que impregnaba cada fotograma.
El Aislamiento como Presagio
El video, fragmentado y granulado, mostraba a un joven, visiblemente nervioso, documentando su creciente inquietud. Su compañero de piso, un tal Elias, se había encerrado en su habitación semanas atrás. Al principio, lo atribuyeron al estrés, a la introversión. Pero el silencio se volvió opresivo, la ausencia, una presencia palpable. El joven del video, llamémoslo Mark, intentaba racionalizarlo: “Quizás está enfermo… quizás necesita espacio…” Pero la voz le temblaba, y sus ojos, hundidos en sombras, revelaban un miedo que iba más allá de la simple preocupación.
La habitación de Elias era descrita como un santuario de oscuridad. Las persianas siempre cerradas, la puerta constantemente cerrada con llave. Mark mencionaba que, ocasionalmente, escuchaba ruidos extraños provenientes del interior: rasguños, susurros ininteligibles, un ritmo sordo y constante que se asemejaba a un latido… o a algo que lo imitaba. El video mostraba intentos fallidos de comunicación: llamadas sin respuesta, mensajes de texto ignorados, notas deslizadas bajo la puerta que nunca eran recogidas.
La Transgresión y lo Inefable
Finalmente, Mark, consumido por la angustia y la paranoia, decide forzar la cerradura. La escena que sigue es borrosa, caótica. La cámara tiembla mientras Mark entra en la habitación. Lo que ve… bueno, lo que cree ver, es lo que me ha mantenido despierto durante noches. La habitación estaba vacía. Pero no era una vacuidad normal. Era una ausencia que pesaba, que sofocaba. Las paredes estaban cubiertas de símbolos extraños, dibujados con algo oscuro y viscoso. En el centro de la habitación, un círculo de sal, roto en varios puntos. Y en el aire… un olor aún más intenso, más nauseabundo que el que había sentido en el pasillo. Mark balbucea incoherencias, habla de sombras que se mueven por el rabillo del ojo, de una sensación de ser observado por algo que no está allí… o que está demasiado allí.
El video termina abruptamente con un grito ahogado y la pantalla se vuelve negra. Nunca se supo qué le pasó a Mark. La policía encontró la habitación tal como la describió en el video, pero no encontró rastro de Elias. Simplemente… se había desvanecido.
El Miedo a la Desaparición y la Fragilidad de la Realidad
Este relato, aunque presentado como un “video encontrado”, resuena con un miedo profundamente arraigado en la psique humana: el miedo a lo desconocido, a lo que acecha en los rincones oscuros de nuestra percepción. El aislamiento de Elias, su reclusión voluntaria, actúa como un catalizador para la paranoia de Mark. La puerta cerrada se convierte en un símbolo de lo inalcanzable, de lo prohibido, de lo que mejor no se debe saber. Y la habitación, una vez que es transgredida, se transforma en un espacio liminal, un lugar donde las leyes de la realidad se distorsionan y se desmoronan.
El miedo a la desaparición, tanto física como mental, es un tema recurrente en el terror. Nos aterra la idea de perder el control, de ser consumidos por la oscuridad, de dejar de ser nosotros mismos. El caso de Elias, y la posterior desaparición de Mark, explotan este miedo, sugiriendo que hay fuerzas más allá de nuestra comprensión que pueden despojarnos de nuestra identidad y de nuestra existencia.
Puntos de Inquietud
- El silencio prolongado de Elias y la gradual intensificación de la paranoia de Mark.
- Los símbolos extraños en las paredes y su significado desconocido.
- El círculo de sal roto, un elemento asociado a rituales de protección y contención.
- La sensación de ser observado, la presencia invisible que acecha en la habitación.
- La desaparición inexplicable de Elias y Mark, dejando tras de sí un vacío inquietante.
El video, y la historia que lo rodea, no ofrece respuestas fáciles. No hay monstruos visibles, ni explicaciones racionales. Solo una sensación persistente de malestar, de que algo terrible ha ocurrido, y de que la realidad, tal como la conocemos, es mucho más frágil y vulnerable de lo que creemos. Apaga la luz. Escucha el silencio. ¿Estás seguro de que estás solo?
