Mi voz salía de la pared #RelatosDeTerror #Shorts
La Voz en el Yeso
El silencio, a veces, es la peor forma de ruido. No el silencio absoluto, sino el que se instala después de que algo debería haber terminado. El que se filtra por las grietas de una casa vieja, impregnado del polvo de recuerdos ajenos y la humedad de secretos olvidados. Lo descubrí, como la mayoría de las cosas terribles, por accidente. Un video corto, etiquetado con la inocente promesa de #RelatosDeTerror. Pero detrás de esa etiqueta, se escondía algo más… algo que resonó en los rincones más oscuros de mi propia casa.
El Eco de la Intimidad Violada
El video, apenas unos segundos, mostraba una habitación anodina. Paredes pintadas de un beige desvaído, un mueble tosco, la luz mortecina de una tarde gris. Nada que sugiriera la pesadilla que estaba a punto de desplegarse. La voz, al principio, era apenas un susurro. Un murmullo indistinguible que parecía emanar… de la pared. No de un altavoz oculto, no de una broma pesada. Sino del propio yeso, como si la casa estuviera intentando hablar, vomitando fragmentos de una conciencia atrapada.
La voz se hizo más clara, más definida. Una voz femenina, cargada de angustia, repitiendo frases inconexas, lamentos ahogados, súplicas desesperadas. No eran palabras que se entendieran, sino la sensación de lo que significaban. El miedo. La soledad. La desesperación. El tacto frío del yeso en la piel, imaginado, se volvía insoportable. El olor a humedad, a polvo, a algo rancio y olvidado, llenaba mis fosas nasales solo con pensarlo.
La Psicología del Miedo Doméstico
¿Por qué nos aterra tanto la idea de una voz que emerge de las paredes? Creo que reside en la violación de la intimidad. Nuestros hogares son nuestros santuarios, los espacios donde buscamos refugio del mundo exterior. La idea de que esa seguridad sea penetrada, de que algo ajeno y amenazante se infiltre en la estructura misma de nuestra casa, es profundamente perturbadora. Es la pérdida del control, la disolución de los límites entre lo seguro y lo peligroso.
Además, la voz en la pared evoca el miedo a lo desconocido, a lo que se esconde bajo la superficie de la realidad. Es un eco de las historias de fantasmas, de las leyendas urbanas, de los terrores ancestrales que se transmiten de generación en generación. Es la certeza de que hay fuerzas que escapan a nuestra comprensión, que acechan en la oscuridad, esperando el momento oportuno para manifestarse.
Puntos de Inquietud
- La Ubicuidad del Hogar: El terror se instala en el lugar más seguro, desestabilizando nuestra percepción de la realidad.
- La Voz Descorporizada: La ausencia de una fuente visible intensifica el miedo, alimentando la imaginación.
- La Sensación de Vigilancia: La idea de ser observado, escuchado, incluso por las paredes, genera paranoia.
- El Eco del Trauma: La voz sugiere un trauma pasado, una historia de sufrimiento que se repite en el presente.
- La Fragilidad de la Realidad: El video cuestiona la naturaleza de la realidad, sugiriendo que las paredes que nos rodean pueden ser más permeables de lo que creemos.
El Silencio Después del Video
Apagué el video, pero la voz permaneció. No en mis oídos, sino en mi mente. Comencé a escuchar crujidos en las paredes, a notar sombras extrañas en las esquinas de la habitación. Cada sonido, cada movimiento, se convertía en una posible manifestación de esa presencia invisible. Miré fijamente las paredes de mi propia casa, preguntándome qué secretos podrían estar ocultos bajo la capa de yeso y pintura.
Y ahora, mientras escribo estas líneas, escucho un leve susurro. No estoy seguro de si es mi imaginación, o si la voz ha encontrado una nueva pared en la que resonar. Pero una cosa es cierta: ya no veo mi casa de la misma manera. El silencio, ahora, me aterra más que nunca. Porque sé que, a veces, el silencio no es la ausencia de ruido, sino la espera de una voz que está a punto de salir de la pared.
