OBJETO MALDITO: Leí una página de este libro y mi sombra ya no es mía
La Sombra Desprendida: Un Relato de Páginas Prohibidas
La lluvia golpeaba el cristal como dedos huesudos, cada gota un latido sordo en la noche. El olor a papel viejo y humedad se aferraba a la habitación, un sudario invisible. No era una noche para leer, no una noche para abrir puertas a lo que duerme en la oscuridad. Pero lo hice. Y ahora, la sombra que me acompaña ya no es mía.
El Libro Sin Nombre
Lo encontré en una librería de segunda mano, escondido en el sótano, entre tomos desvencijados y olvidados. No tenía título en la portada, solo un cuero negro, frío al tacto, grabado con símbolos que parecían retorcerse bajo la luz mortecina de la bombilla. El librero, un hombre delgado con ojos hundidos, me advirtió que no lo comprara. Dijo que el libro “atraía problemas”, que “había visto cosas” relacionadas con él. Naturalmente, eso solo alimentó mi curiosidad.
Las páginas estaban amarillentas, frágiles como alas de mariposa. La tinta, de un negro intenso, parecía absorber la luz. El idioma era arcaico, una mezcla de latín y algo… más antiguo. Con la ayuda de un traductor online, comencé a descifrarlo. La primera página hablaba de un ritual, de una entidad que se alimenta de la esencia de las sombras, de la promesa de conocimiento a cambio de una pequeña parte de uno mismo. Una parte que, según el texto, todos poseemos: nuestra sombra.
El Primer Síntoma: Un Desplazamiento Sutil
Al principio, fue imperceptible. Un ligero desfase entre mis movimientos y los de mi sombra. Como si esta última tuviera una voluntad propia, un retraso minúsculo en su respuesta. Lo atribuí al cansancio, a la mala iluminación. Pero luego, la sombra comenzó a alargarse de forma antinatural, a contorsionarse en ángulos imposibles. Empecé a notar que, en los reflejos, su forma no coincidía exactamente con la mía. Era como mirar a un doble distorsionado, una parodia oscura de mi propia silueta.
El olor a humedad se intensificó, impregnando cada rincón de la casa. El silencio se volvió opresivo, roto solo por el crujido de las viejas maderas y el latido frenético de mi propio corazón. Dormir se convirtió en una tortura. Cada vez que cerraba los ojos, veía la sombra, separándose cada vez más de mí, moviéndose con una independencia aterradora.
El Miedo Primordial: La Pérdida de Uno Mismo
El miedo a perder la sombra no es un miedo a la oscuridad, sino un miedo a la desintegración, a la pérdida de la identidad. La sombra es una extensión de nosotros mismos, una representación física de nuestra presencia en el mundo. Sin ella, ¿qué queda? ¿Somos solo un vacío, una cáscara hueca? El libro, en su retorcida lógica, explota este miedo ancestral, esta necesidad humana de sentirnos completos.
La entidad a la que se refiere el texto no busca robar nuestra vida, sino nuestra esencia, nuestra individualidad. Se alimenta de la parte más oscura de nuestro ser, de nuestros miedos, de nuestras inseguridades. Y al hacerlo, nos convierte en meras marionetas, en sombras de sombras.
Puntos de Inquietud
- El Desfase Temporal: La sombra que reacciona con retraso, sugiriendo una voluntad independiente.
- La Distorsión Reflejo: La sombra que no coincide con la forma del cuerpo, creando una sensación de disonancia.
- El Olor a Humedad: Un aroma persistente que evoca la descomposición y lo oculto.
- El Silencio Opresivo: La ausencia de sonido que amplifica la sensación de aislamiento y paranoia.
- La Pérdida de Control: La incapacidad de controlar la propia sombra, simbolizando la pérdida de control sobre la propia vida.
El Eco de la Noche
Ahora, la sombra se mueve libremente, observándome desde las esquinas, acechándome en los reflejos. Ya no intento descifrar el libro. Lo he cerrado, lo he encerrado en un cofre de hierro, pero sé que es inútil. La puerta ya está abierta. La entidad ha encontrado un camino. Y mientras escribo estas líneas, siento su presencia, fría y oscura, acercándose cada vez más. La lluvia sigue golpeando el cristal, pero ahora, el sonido se mezcla con un susurro, un eco distante de mi propia sombra, que ya no me pertenece.
Apaga la luz. Escucha. ¿Puedes sentirlo? Tal vez, solo tal vez, tu sombra también esté empezando a moverse por su cuenta.
