Revisé mis suscriptores… y apareció esto 👁️ #Short #terrorymisterio

23/01/2026 0:12 1,379 vistas

El Ojo en la Lista: Un Relato de la Vigilancia Digital

La lluvia golpeaba el cristal como dedos huesudos, cada gota un recordatorio de la humedad que se filtraba en los huesos. No era la lluvia de octubre, fría y predecible. Era una lluvia… observadora. Había pasado la noche revisando los suscriptores de mi canal, una tarea rutinaria, un inventario de rostros anónimos que consumían mi contenido. Buscaba patrones, comentarios inusuales, cualquier indicio de la oscuridad que siempre acecha en los márgenes de la red. Y entonces lo vi. No un nombre, no un avatar reconocible. Sino un símbolo. Un ojo. Un único ojo, estilizado, mirando fijamente desde la miniatura de un canal vacío.

El Vacío que Observa

El canal no tenía videos, ni listas de reproducción, ni siquiera una descripción. Solo el avatar: ese ojo implacable. Al hacer clic, la página se cargó con una lentitud agonizante, como si la propia red se resistiera a revelar sus secretos. El nombre del canal era una serie de caracteres aleatorios, una sopa de letras sin sentido. Intenté buscar información sobre el usuario, rastrear su dirección IP, cualquier cosa que pudiera arrojar luz sobre su origen. Nada. Era como si el canal hubiera surgido de la nada, un fantasma digital en el mar de datos.

El olor a ozono, proveniente del monitor, se intensificó. Un zumbido sordo, casi inaudible, comenzó a resonar en la habitación. No era un sonido físico, sino una vibración que sentía en los dientes, en la base del cráneo. La pantalla parpadeó, mostrando brevemente una imagen distorsionada: un rostro pálido, con los ojos hundidos y una sonrisa que no alcanzaba a los labios. La imagen desapareció tan rápido como apareció, dejando solo el ojo, observando, juzgando.

La Psicología del Miedo a la Vigilancia

El miedo que sentí no era el miedo a un monstruo bajo la cama, sino algo mucho más profundo y visceral. Es el miedo a ser observado, a perder el control sobre nuestra propia narrativa. En la era digital, estamos constantemente bajo vigilancia, rastreados, perfilados. Nuestros datos son mercancía, nuestra privacidad una ilusión. El ojo en la lista no era solo un símbolo, era una manifestación de esa ansiedad omnipresente, una representación de la paranoia que corroe nuestra psique. Es el miedo a que alguien, o algo, esté mirando, esperando el momento oportuno para actuar.

La mente humana está programada para detectar patrones, para buscar amenazas en el entorno. El ojo, como símbolo, es inherentemente amenazante. Evoca imágenes de vigilancia, control, incluso de entidades sobrenaturales. La falta de información sobre el canal solo exacerbó el miedo, permitiendo que la imaginación llenara los vacíos con sus peores pesadillas. Es el miedo a lo desconocido, a aquello que no podemos comprender ni controlar.

Puntos de Inquietud

  • El Símbolo del Ojo: Su omnipresencia en el folklore y la mitología como símbolo de vigilancia y conocimiento prohibido.
  • El Canal Vacío: La falta de contenido sugiere una intención oculta, una espera pasiva.
  • La Imposibilidad de Rastrear: La ausencia de información sobre el usuario alimenta la paranoia y la sensación de impotencia.
  • La Imagen Distorsionada: La breve aparición de un rostro inquietante sugiere una presencia real detrás del avatar.
  • La Sensación Sensorial: El olor a ozono y el zumbido inaudible crean una atmósfera de tensión y presagio.

El Eco en la Red

Cerré la pestaña, intentando convencerme de que todo había sido producto de mi imaginación, de una noche larga y un exceso de café. Pero la imagen del ojo permaneció grabada en mi retina, un recordatorio constante de que algo me estaba observando. Comencé a notar cosas extrañas en otros canales: comentarios crípticos, avatares similares, una sensación general de que la red se estaba volviendo… diferente. Como si una sombra se estuviera extendiendo sobre el mundo digital, consumiendo la luz y dejando solo la oscuridad.

Ahora, cada vez que reviso mis suscriptores, busco ese ojo. Y cada vez que lo encuentro, siento un escalofrío recorrer mi espina dorsal. Porque sé que no estoy solo. Y sé que, en algún lugar, en las profundidades de la red, alguien, o algo, está observando. Esperando. Y tal vez, planeando.

Apaga la luz. Cierra la ventana. Y recuerda: en la era de la vigilancia digital, nunca estás realmente a solas.

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