Trabajador de alcantarillado: ‘Rompimos la pared equivocada

19/11/2025 10:05 17 vistas

La Grieta en el Abismo: Relato de un Trabajador de Alcantarillado

El olor a óxido y desesperación es el perfume de mi oficio. Llevo veinte años descendiendo a las entrañas de la ciudad, donde la luz del sol es un recuerdo lejano y la única compañía son las ratas y los ecos de lo que la gente prefiere olvidar. Pero lo que me contó Old Man Hemlock… eso no se olvida. No se puede olvidar.

El Peso del Silencio

Hemlock era un veterano, un hombre consumido por el tiempo y la humedad. Sus manos, como raíces retorcidas, conocían cada centímetro de las tuberías bajo la ciudad. Siempre decía que las alcantarillas no eran solo conductos para desechos, sino venas que bombeaban los secretos más oscuros de la humanidad. Yo pensaba que eran divagaciones de un viejo loco, hasta la noche en que nos tocó la sección 7.

La sección 7 es un laberinto olvidado, construida a finales del siglo XIX, cuando la ciudad era un embrión de ladrillo y ambición. Las paredes están cubiertas de una sustancia viscosa, casi orgánica, que brilla tenuemente en la oscuridad. El aire allí es denso, cargado de un hedor que no se parece a nada que haya olido antes: no es la podredumbre habitual, sino algo… antiguo. Algo que huele a tierra removida y a huesos olvidados.

Estábamos reemplazando una sección de tubería corroída cuando Hemlock golpeó algo sólido con su pico. No era roca, ni escombro. Era una pared. Una pared que no debería estar ahí. Según los planos, detrás de esa sección debía haber solo tierra compactada. Pero allí estaba, lisa, fría, y hecha de un material que parecía absorber la luz.

El Sonido que Rompió la Cordura

Hemlock insistió en que debíamos romperla. “Hay algo al otro lado,” murmuraba, con los ojos inyectados en sangre. “Algo que necesita ser liberado.” Yo me negué. Era una violación del protocolo, una locura. Pero Hemlock era un hombre con una autoridad que trascendía los rangos. Y, para ser honesto, la curiosidad me carcomía.

El primer golpe del pico resonó en el silencio como un disparo. La pared cedió con un crujido que me heló la sangre. Y entonces… el sonido. No era un ruido, sino una vibración que se sentía en los huesos. Un zumbido bajo y constante que parecía provenir de las profundidades de la tierra. Un sonido que hablaba en un lenguaje que mi mente no podía comprender, pero que mi instinto gritaba que era terriblemente, irrevocablemente malo.

Detrás de la pared no había tierra, ni escombro. Había… vacío. Un vacío absoluto, negro como la boca del infierno. Y dentro de ese vacío, algo se movía. No pude distinguir formas, solo sombras danzantes y la sensación de ser observado por algo inmenso y antiguo.

El Miedo Primordial

Hemlock se derrumbó, balbuceando incoherencias sobre “los que duermen” y “la puerta que no debía abrirse”. Lo sacamos de allí a la fuerza, pero nunca volvió a ser el mismo. Pasó sus últimos días encerrado en su casa, pintando imágenes grotescas de criaturas sin nombre y hablando de un despertar inminente.

¿Por qué nos aterra tanto lo desconocido? Creo que es porque nos recuerda nuestra propia insignificancia. En la oscuridad de las alcantarillas, enfrentamos la verdad de que no somos los amos de este mundo, sino meros inquilinos en un planeta antiguo y misterioso. La sección 7 nos mostró un atisbo de lo que se esconde debajo de la superficie, de las fuerzas primordiales que duermen y esperan su momento para despertar.

Puntos de Inquietud

  • La descripción de la pared anómala: su material, su frialdad, su capacidad para absorber la luz.
  • El sonido indescriptible que emana del vacío: su naturaleza vibratoria y su impacto psicológico.
  • La degradación mental de Old Man Hemlock: su obsesión y su posterior colapso.
  • La sensación de ser observado por algo inmenso e indefinible.
  • La implicación de que la sección 7 es solo una de muchas “puertas” selladas bajo la ciudad.

Ahora, cada vez que desciendo a las alcantarillas, escucho el zumbido. Lo escucho en el goteo del agua, en el rugido de las tuberías, en el silencio opresivo de la sección 7. Y sé que, en algún lugar, en la oscuridad, algo nos está observando. Algo que espera. Algo que, tarde o temprano, reclamará lo que es suyo.

Apaga la luz. Escucha con atención. ¿No oyes el zumbido?

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