Bajo la fría luz de la luna, la ciudad se sumía en la oscuridad, como si hubiera olvidado la existencia de la luz. Las sombras, que acechaban en cada esquina, cobraban vida. Pero para David, la oscuridad había dejado de ser un simple fenómeno natural. Se había vuelto una entidad viva, una presencia insidiosa que lo perseguía sin piedad.
Capítulo 1: La Sombra Inicial
David era un hombre común, con una familia común y un trabajo común. Tenía una esposa amorosa, dos hijos, y una carrera en una empresa de tecnología que lo mantenía ocupado. Pero un día, al salir de su oficina, notó algo inusual. Una sombra oscura se deslizó por la pared del edificio, como un espectro hambriento de algo que él no podía entender.
En un principio, pensó que era su imaginación jugándole una mala pasada. Sin embargo, la sombra no desapareció. Lo siguió a casa, se deslizó por las paredes de su sala de estar y se escondió en los rincones de su dormitorio. David intentó ignorarla, pero pronto se dio cuenta de que la sombra no era un truco de su mente.

Capítulo 2: El Declive
Con el tiempo, la presencia de la sombra se hizo más opresiva. Se aferró a David como un parásito, envolviéndolo en su abrazo frío. La sombra parecía tener voluntad propia, moviéndose con inteligencia aterradora. Lo seguía a todas partes, acechándolo en la calle, en su oficina y, lo que era peor, en su hogar.
Su familia notó el cambio en él. David se volvió taciturno, sus ojos reflejaban el miedo constante que lo acosaba. Sus hijos se alejaron de él, temiendo la oscuridad que lo había atrapado. Su esposa, Emily, intentó entender lo que le sucedía, pero la sombra no era algo que se pudiera explicar con palabras.
La sombra también afectó su trabajo. En las reuniones de negocios, la presencia oscura se cernía sobre él, oscureciendo su mente y nublando su juicio. Cometió errores que antes jamás hubiera hecho, y su carrera comenzó a tambalearse.
Capítulo 3: La Obsesión
La obsesión de David por la sombra creció con el tiempo. Investigó incansablemente, buscando respuestas en libros antiguos, consultando a psicólogos y charlatanes de lo paranormal. Todos le decían lo mismo: que la sombra no era más que una manifestación de su propia psique. Pero él sabía que no era así.
Las noches se volvieron insoportables. La sombra se materializaba en pesadillas vívidas que lo atormentaban. En sus sueños, la oscuridad lo arrastraba a abismos profundos, susurándole palabras incomprensibles que llenaban su mente de terror. Cuando despertaba, se encontraba sudando y temblando, incapaz de recordar las palabras susurradas por la sombra.
Capítulo 4: La Locura
La línea entre la realidad y la locura se volvía cada vez más delgada. La sombra lo empujaba hacia actos impulsivos y violentos, como si tratara de liberar su propia furia reprimida. Un día, en medio de un ataque de rabia provocado por la sombra, David golpeó a un compañero de trabajo. Fue despedido inmediatamente, su carrera destrozada.
Emily, aterrada por el hombre en el que se había convertido su esposo, lo abandonó llevándose a sus hijos. David quedó solo, atrapado en un torbellino de sombras y desesperación.

Capítulo 5: El Punto de no Retorno
La noche en que David cruzó el punto de no retorno fue la más oscura de todas. La sombra se apoderó de él por completo, como si hubiera estado esperando este momento. En un arrebato de locura, se dirigió al centro de la ciudad, armado con un cuchillo, y comenzó a apuñalar a desconocidos al azar.
La noticia de los horrores que se estaban cometiendo en las calles se propagó rápidamente. La ciudad entera estaba en estado de shock. La policía lo persiguió durante horas, pero la sombra lo protegía, manteniéndolo oculto en su abrazo oscuro.
Capítulo 6: La Revelación
Finalmente, cuando David ya estaba al borde de la locura, la sombra lo soltó. Fue en ese momento que la verdad se hizo evidente. La sombra no era solo su enemiga, era su prisión. Lo había atrapado en un mundo de oscuridad, llevándolo a cometer atrocidades que jamás habría imaginado.
Cuando la sombra se retiró, David quedó desnudo y desamparado en medio de la ciudad. Las luces de la policía lo rodearon, y él, finalmente consciente de sus acciones, se rindió sin resistencia. Los titulares de los periódicos informaron sobre el «asesino de las sombras», pero nadie más podía ver la entidad que había provocado todo.
Epílogo: La Condena
David fue juzgado y condenado por sus crímenes. Pasó el resto de sus días en un hospital psiquiátrico, donde luchó constantemente contra las sombras que seguían acechándolo. La sombra lo había dejado, pero había dejado una marca indeleble en su mente y su alma.
Para el mundo, David era un asesino despiadado, pero para él, era la víctima de las sombras que lo habían perseguido sin piedad. La ciudad volvió a sumirse en la oscuridad, como si la sombra de David hubiera dejado un legado de malevolencia en
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