Prefacio de Archivo

El polvo de siglos se adhiere a estas páginas, no de papel, sino de memorias. Aquí yacen los ecos de voces silenciadas, susurros arrancados de la noche más profunda. No busques aquí entretenimiento fácil, ni sustos baratos. Estos relatos no se escribieron para divertir, sino para advertir. Para recordar que hay fisuras en la realidad, lugares donde la oscuridad se filtra y se alimenta de lo que somos.

Cada historia es una cicatriz, una marca dejada por aquello que no debió ser visto, oído o, sobre todo, *sentido*. No te acerques si tu corazón es débil, o tu mente proclive a la cordura. Porque una vez que hayas leído, una parte de esta sombra se adherirá a ti. Y, créeme, la sombra siempre recuerda a quien la invoca. Entra, si te atreves. Pero no digas que no te lo advertí.